El último día del año.

¡Rápido! Hablemos de olvido, de risas, de llantos, de abrazos, de besos, de momentos, de ropa, de ellas, de ellos, de familia, de amigos, de sitios, de vacaciones, de miradas, de música, de caricias, de soplos en la nuca. Hablemos de labor destructora del tiempo, de personas que se olvidan de lo prometido, de conversaciones, de consejos, de canciones, del "te echo de menos", de ayudas, de esperanzas, de ilusiones, del "te quiero" más grande... Te pido una última cosa antes de que den las doce:
¡Más rápido aún! Detente a mirarla, mírala, mira sus ojos, su boca, su nariz, su cuerpo, pero mira dentro de esos ojos, dentro de esa mirada, en su corazón, disfruta de ella, disfruta de todo lo bueno y todo lo malo que tenga, en su risa, en su enfado, en su conversación, en su tristeza, su alegría, fíjate bien, míralo bien, retenlo en tu mente porque cuando no lo tengas lo vas a echar de menos, tanto que te vas a dar cuenta de que lo que has perdido es un diamante, ni las mejores cosas, ni las mejores chicas, ni toda la riqueza del mundo son comparables a ella. Puede que algún día rehagas tu vida y creas que la has olvidado, pero según vayan pasando los días te vas a dar cuenta de que "esa chica" con la que "compartes momentos" es sólo un mínimo grano de arena de aquella preciosa playa. Lamentarás haber desperdiciado tanto tiempo, lamentarás haber dicho que no a algo que, aunque tú no te dieras cuenta, deseabas con todo tu corazón y ya no está, tú no lo sabes pero ese momento va a llegar, vas a ver que tu vida sin ella no es realmente la vida que quieres llevar, estás desperdiciando un jardín repleto de rosas todas para ti por una mísera margarita. ¿Que quieres disfrutar de la vida?¿Que quieres disfrutar tu juventud?¿Que quieres hacer locuras? Perfecto, pero, ¿qué es disfrutar de la vida sin ella, de tu juventud sin ella o hacer locuras sin ella? NADA. Observa bien la grandeza que estás rechazando porque cuando te detengas a pensar qué coño estás haciendo con tu vida será demasiado tarde, te enfadarás contigo mismo y tendrás que vivir con ello para el resto de tu vida. MÍRALA, MÍRALA BIEN. ES PERFECTA.
Date prisa, ajústate la corbata y llámala, ve a buscarla, ella te está esperando para pasar la última noche del año contigo.

A oscuras en un salón se puede llegar a entender aquéllo que de día es deslumbrado por la luz.



Sonríeme y quédate en mis ojos. Duérmete, o despiértame. Me voy a comer tus miedos, tus prejuicios, tus buenas noches y tus besos. Que si vienes parezca que te evaporas, y si vuelves sienta que nunca te has ido. Convierte en rutina eso de no poder decir que no, venga... vuelve a abrazarme tan tan fuerte que explote aquí mismo de alegría. Luego regálame la ciudad desde la ventana, que mientras tanto yo pensaré que soy la chica más afortunada del mundo. Y por último, para empezar, sigue besándome la espalda, las manos, los besos, los ojos y... las ganas.

Feliz Navidad.




Con tus carcajadas descontroladas y tu risa contagiosa me lleno de ganas porque, al soplar cada uno de los dientes de león de esta navidad fría, se cumplan todos mis deseos. Aquellas puertas que comunicaban ambos mundos quedaron abiertas justo anoche, ¡que lo oigan todos! Nadie, excepto yo, conoce el punto exacto en el que consigues entenderme cuando te hablo con los ojos, cuando te cuento que nunca había acariciado a nadie como lo hago contigo, cuando te cuento que me encantaría estar hecha de tu misma materia y soldar las imperfecciones de los dos. Nadie había andado con tanta elegancia por la calle que termina en mi boca, esa que solo tú has sabido morder y saborear como merecía. Conseguí salir de aquel remolino de dientes de león, conseguí mantenerme de una sola pieza y ahora ya no se escapan ilusiones por los rotos de mis cosquillas, aquello se congeló en la nieve.
Hoy es Navidad, mi dulce Navidad, y estás aquí para reconstruir mis ojos por si acaso se hacen pedazos. A estas alturas de la noche me siento capaz de cualquier cosa, incluso de enfrentarme a mis peores recuerdos y soltarlos hasta que mis manos quieran apretarlos tan fuerte que los desintegren. A tu lado prometo no sentir rencor ni rabia, y endulzaré todos los cafés que nunca llegaste a tomar, y pasearé de nuevo por las ciudades que me llevaron hasta ti.
Mis palabras de hoy, de precisamente hoy, no son más que el sentimiento de todo eso que me ha explotado por dentro, de todo eso que echaba de menos desde que pudo ser y no fue y ahora... ahora sin duda es.
Tu risa, maldita sea, es perfecta. El tiempo que resbala por mi espalda intenta correr hacia atrás para retomar aquel día entre la niebla. Te regalo cada vacío que exista en los textos intensos para que los llenes con esa risa, vacíos inmensos que quizá no llegues a entender. Prometo que esta será la primera y última vez que confiese a solas lo mucho que te echo de menos cuando te vas, cuando me dices que vuelves enseguida, que... no puedo.
Quiéreme como me has demostrado saber hacerlo. Sopla conmigo esos dientes de león para hacer realidad los sueños de esta Navidad y permitámonos el lujo de provocar envidia en todas y cada una de las calles repletas de gente de Madrid.

Lo tenéis todo y queréis más.



Un brindis por los que no saben nada y creen saberlo todo. En este mundo, desgraciadamente, la modestia ya no está bien vista. Algún día pienso, espero, creo, digo yo que todo eso se irá volando y la realidad saldrá a la luz. Y no quedará más que eso. Realidad. Por el momento iré despacio. Tengo que acostumbrarme, te he hablado tanto cuando no estabas que ahora se me hace raro hablar contigo de verdad. Habría preferido encontrarte el primer día, cruzarnos en aquellas escaleras mucho antes para que me siguieses como lo hiciste. Hablarte o simplemente escucharte. Habría preferido aceptar tu propuesta y brindar en aquel lugar entre la niebla, incluso quedarme contigo para no echarte de menos dos horas después. Aunque quizá sea más bonito echarte de menos y saber que volverás antes que pasear sola por las calles que quizá nunca hubiéramos llegado a empapar juntos en los días de lluvia.

Un ego compartido.



Verás, la cosa es que yo quería perderme por cualquier sitio conocido, o conocer cualquier otro en el que, estoy segura,  mi sentido de la orientación y yo nos hubiéramos perdido sin remedio alguno. Se que  puedo ser de luz en cualquier oscuridad, por muy grande que sea la densidad de su abrigo. Se que puedo ser frío, y puedo ser el otoño en cada hoja de esas que con una patada vacía apartas porque se interponen en tu camino, y también unos pies enredados en cualquier amanecer entre las sábanas de diciembre, de enero, del tiempo que baila entre mis dedos. Mis ganas de explotar bajo la lluvia invernal ansían lloverme, y por fin he sido capaz de diluir cada uno de mis miedos en cientos de colores en forma de acuarela. En verdad todos los pretéritos amplificados no expresan ni una ínfima parte de todo aquello que me parecía imposible de ordenar, de sentir, atrapados en nudos de lágrimas que no podían salir, porque, sinceramente, yo no quería que lo hicieran, porque cada una de las preguntas que me taladraban la cabeza sé que no tenían respuesta, y el silencio estallaba en mis tímpanos cuando solo oía eso, nada, al preguntarme una y otra vez ¿por qué? ¿por qué?... 
No quise ser cínica intentando convencerme de que no encontraría una respuesta, porque sí, sí la esperaba. Y llegó. Supongo que con él y con la densidad de su abrigo. Cada día me importan menos aquellos pretéritos, y pensar que quiero escucharlo todo, sin excepciones, que tengo ilusión por ser de luz cada noche a cielo cerrado. Que tengo ilusión por todo. Y eso es lo realmente conmovedor e importarte, que todo lo que pudo llegar a ser el estribillo de la mejor canción que nunca se haya escrito, parece haber  llegando, va ganando poco a poco el volumen, su sonido... hasta que llegará el momento en que se expanda por completo, de ésto que no te das cuenta, pero que llegas a no poder vivir sin ello.

Sábado con lluvia.

Y así siguen, besándose sin darse cuenta de nada más, de la gente que pasa a su lado, vencedores y vencidos de una final importante, pero en el fondo no tan importante.
Después, él ya no puede seguir sujetándola y caen entre las sillas de aquel bar. No se hacen daño. Y se ríen. Y siguen besándose. No hay nada que hacer.
A veces el amor vence verdaderamente sobre todo, ¡incluso sobre una final de fútbol!

De camino a. . .


Y aquí continúa...
Consigo tranquilizarme un poco, me acomodo en el asiento quitándome los guantes de cuero que me impiden bajar la ventanilla, si, ahora creo saber en que estación del año estamos y parece final del otoño, así que un poco de aire fresco no me vendrá nada mal. De repente, a la vez que me pierdo con la mirada entre la muchedumbre que hace temblar la Castellana, suena una canción familiar en la radio, una canción que una vez fue motivo de conmoción, y que ha empezado a ser en este momento, y rompo a llorar. Si, no rompes a comer, o rompes a dormir. Se rompe a llorar o a reír. Merece la pena hacerse añicos por esos sentimientos tan fuertes.
El taxista no me quita el ojo de encima y frena en un semáforo que estaba verde. Se vuelve pero no me mira, solo es un gesto para hacerme notar que lo que va a decir es para mi. Y empieza a hablar. Durante mucho rato, el semáforo ha pasado por los tres colores unas cinco veces y allí seguimos, envueltos en sus palabras, y la música de la radio de fondo. Entonces intento despertar de esa angustia y solo a ratos lo consigo, pienso demasiado en ella, en que nunca encontraré, estoy seguro, a nadie como ella.
El tipo se da cuenta de que su intención por amenizar mi sofoco es nula, así que me pide perdón y pisa el acelerador de manera que volvemos a movernos al compás del tráfico de la ciudad, quizá encontremos señalizado el camino hacia el fin del mundo. . .

A la misma hora y en la misma ciudad estoy yo. Caminando bañada del ambiente navideño que adorna las calles de Madrid. Llevo la mejor sonrisa y me acompañan mis chicas, las mejores amigas del mundo a las que tengo tanto que agradecer. Voy pensando en nada, además de lo bonito que está todo y cómo me gustaría perderme por ahí con él. Todavía no le conozco, no tengo la menor idea de su nombre, de su edad, de su color de ojos o de cuántos lunares tendrá en la espalda. Y quizá no exista, pero quiero creer que si. Que llegaremos a conocernos, que me ayudará a poner un punto y aparte al pasado que se prolonga en el presente con tan poco color, que me hará reír y se fundirá conmigo en las noches de lluvia. Que crearemos historias para recordar, que quizá no duren siempre pero que a la hora de mirar hacia atrás produzcan una sensación dulce, como la limonada cuando te pasas con el azúcar. Que seremos capaces de encontrar una canción que nos una cuando estemos en cualquier parte y de repente suene. . . Deseo que él sepa escuchar todo lo que le cuente, que me respete y me quiera por lo que soy, me gusta la gente que me quiere por lo que soy y no por lo que no soy. Que se convierta en mi mayor confidente, en mi mejor amigo, y que le guste hacerme fotos, eso me chiflaría, me encantan las fotos, y que le gustara leer lo que escribo, aunque no valga gran cosa. Me conformaría con poco, siempre que todo pesara más que un día torcido o una mala interpretación de algo que dijéramos.
Qué ganas de tropezarme con alguien así.
No soy una persona fácil de llevar, hace poco soñé que alguien me lo contaba, también hablaban de un cubo de rubik, de retos, en fin, es igual.
Se acerca una de mis amigas y me abraza. Lo ha hecho como si hubiera pensado todo esto en voz alta y me hubiera escuchado, quizá lo haya hecho sin darme cuenta y la verdad que se lo agradezco mucho, le he dicho que lo haga siempre que quiera y ha estado abrazada a mi 5 minutos. Qué suerte la mía por tenerlas.

Ahora hablo yo, que soy quien cuenta la historia haciéndose pasar por dos adolescentes necesitados de amor, de cariño más bien, y de sonrisas, necesitan sentir como la felicidad va desde la extensión de las comisuras de los labios hasta la punta de los dedos de los pies.
No puedo darle un final a la historia porque no lo tiene, y no creo que llegue a tenerlo conociéndolos bien.
Él baja de ese taxi, creo que le pide al taxista que le deje a la altura del Prado y empieza a caminar hacia Colón, sin ninguna prisa, reordenando sus ideas, si es que le queda alguna sin romper. Para a comprar un cucurucho de castañas asadas para hacer más entretenido el paseo y empieza a mezclarse con la gente pareciendo uno más, pero siendo el más especial de todos.
Ella no se encuentra con demasiadas ganas de seguir con las chicas, así que se despide en el cruce donde acaba La Gran Vía de ellas y echa a andar en dirección al Caixa Forum, curiosamente camina en dirección ÉL. Tiene frío, mucho frío, y para a comprar un chocolate caliente con un bollito, también quiere que su paseo sea más entretenido. Pasadas unas cuantas fachadas llega a un semáforo en rojo para los peatones, al sonar el pajarito para los ciegos lo atraviesa, pisando solo las bandas blancas. De repente ve un zapato que solo va pisando las negras y le tira el chocolate “sin querer”. Se apartan de todo, aún ni se han mirado a la cara. Pero lo hacen, se miran, y se sonríen. Ella le pide perdón y él ni la escucha, piensa, nada más ver su sonrisa de disculpa, que además del chocolate, le había derramado un puñado de suerte y le dice que la invita a un café. Ella vuelve a sonreír, y recuerda lo que un día pensó sobre la relación del amor y su olor a café pero lo pasa por alto y acepta.

En ese momento él se percata de que la señalización del camino que iba buscando la acababa de leer en los ojos de esa chica. Que no era exactamente el fin del mundo, pero sí el lugar previo para continuar el viaje.

Confesiones en diciembre.

Puedes estar bien seguro de que no había nada que me apeteciera más en esa noche que sentarme a tu lado a ver como salía el sol. Puedes estar bien seguro de que nada me apetecía más que besarte allí mismo, acompañados de nadie y del viento del invierno. Pero también puedes estar bien seguro de que nunca te juraré que eso es cierto, porque apenas soy una rama más en tu árbol de navidad y sinceramente, no voy a intentar arrancarte algo más que una sonrisa, aunque me muera de ganas por ello.
He abierto los ojos después de haber imaginado todo esto y he susurrado: "¿No ves que si hemos perdido hemos ganado historias que contar? Y recuerda que si caímos en picado es porque a veces fuimos nubes con la mente".

Me.

own
De esas chicas que soñaban con ser especial. De esas que asignaba a cada persona especial una canción especial. De las que por cada vez que reía lloraba dos. De las que creía que el amor olía a café y que el café no era para ella.  De las que creían que se comerían el mundo cuando fueran un poco mayores y de las que, a dos pasos de conseguirlo... desea no crecer.

Querido tú II



Ya es invierno,son las 12 y algo más de la noche de un sábado cualquiera y he vuelto al parque donde te escribí la última vez. Hoy es diferente, ya no puedo escribir para decirte que te quiero a mi lado, sino para hacerte sonreír por estar a mi lado.Hoy no hay bicis paseando por el retiro,así que hoy no habrá interrupciones de ese tipo, supongo que nadie quiere notar el frío helador en los huesos pero a mi me parece bonito pasear por aquí repleta de ropa calentita e ideas para escribir.


Me remito a los días del último verano. Y confesaré a gritos lo que nunca me atreví a decirte. Lo haré aquí, calada por la humedad y a la luz de una farola. Antes de empezar quiero decir que he tratado muchos tipos de personalidades, a muchísima gente, y se de lo que hablo cuando juzgo sobre alguien, tanto para bien como para mal.


Si se trata de ti he de decir que me caes simpático, que me has sorprendido para bien, aunque los nervios y la intranquilidad te hacen pesado. Las miradas profundas que transmiten bienestar son de tus mejores armas pero no se pueden comparar con los abrazos y los besos tibios en en los días de frío a las 3 de la mañana. Si se trata de tu baile ambos sabemos que no es demasiado bueno pero no importa, sabes dejarte llevar por la música y hacerme reír. 
En cuanto a cosas menos superficiales, tu fortaleza me sorprende, creo que es lo que más, y me gusta que tengas esa personalidad tan fuerte y definida. Desde luego nadie dijo que lo de recuperarse rápido de un momento de bajón fuera fácil, pero poco a poco empiezo a pensar que quizá no tenga tanta dificultad. Me gusta que llames en el momento oportuno, que seas sincero y que hayas querido empezar esta nueva vida conmigo.


¡Ey! Me encanta que me hagas fotos.


Sé que la impuntualidad es tu punto débil, pero no me quejo, yo tampoco preciso de exactitud la mayoría de las veces. Sé que nunca vas a decirme todo lo que quiero oír, cosa que agradezco y seguramente tendré que repetirte las cosas cien veces y aún así no las recordarás, como la fecha de mi cumpleaños. Rara vez se te va a ocurrir algo medianamente cuerdo o cotidiano, tienes una imaginación desbordante y me apasiona, de verdad que si. Soy tu chica de bolsillo, dices, aunque no creo que sea tan pequeñita como para caber en uno y crees que si algo falla es porque tiene poca azúcar, pero a pesar de todo se que eres capaz de provocar un amanecer y reconozco que me encanta, sobre todo si va a acompañado de besos de mariposa y un café bien caliente.
Has sido un gran amigo desde el principio, alguien a quién en ciertos momentos importantes he tomado como punto de referencia, el primero en el que he pensado en llamar si me encontraba mal o si necesitaba un descanso,  el que ha conseguido hacerme ver que las cosas pueden ser posibles si crees que lo son. Has conseguido que al escuchar ciertas canciones llore, prometido que eso no era nada fácil y sobre todo has conseguido que tenga ganas de hacer, por encima de cualquier pero, lo que sea por ti. No me arrepiento de nada, como tampoco me arrepiento de echarte de menos cuando giro la cabeza y no encontrarte. Me gusta mucho que te guste Madrid tanto como a mi, y que además hagas que tenga más ganas de pasar el tiempo allí.
Esta tarde, por cierto, por un momento he visto en tus ojos que de verdad creías que ya no te quería. La idea más absurda, más ridícula, ¡como si hubiera alguna manera de que yo pudiera existir sin necesitarte!


Querido tú, eres mucho más de lo que te cuento aquí, no sé como hacértelo entender, no sé cómo ni por qué pero sobre todo sé que eres todo aquello que nunca pensé que serías.


QuiéroTE.

Y todo eso pasa últimamente.



.

Después de todo, ¿de cuántas maneras se puede destrozar un corazón y esperar de él que continúe latiendo? 
En los últimos días he sobrevivido a un montón cosas que deberían haber acabado conmigo, pero eso no me hace sentirme más fuerte. Al contrario, me siento tremendamente frágil, como si una sola palabra pudiera hacerme pedazos. Por otra parte me tranquiliza saber que los días sucesivos estarán llenos de alegría, de esa felicidad que confiere el equilibrio, el sentirse serenos, el no buscar más de lo que se tiene.

¿Sabéis lo que eso supone? ¡Conseguir ser invisibles por un eterno y efímero instante! Y bueno, es cierto que este tiempo puede inundar nuestros días de un color gris oscuro, pero yo apuesto porque, siempre, a pesar de las adversidades del camino, habrá alguien que consiga pintarlos de un gris más clarito, mucho más clarito.
Y los días pasarán. Días de estudio. Días de amor. Días importantes.

Seguro que no estábamos contando estrellas.

Desde hace unos días parece que se ha sumado un tiempo a mi vida para hacer lo que aún ni se me había ocurrido. Alguien me ha dejado abrir un nuevo camino en su vida, incluso el mio propio. Alguien sin un por qué definido ha acrecentado mis ideas, esas que hasta hace bien poco eran pequeñas partículas de polvo revotando en mi cabeza. Alguien ha provocado el movimiento de las comisuras de mis labios hacia los límites más inexistentes de la sonrisa perfecta. Alguien me ha devuelto las ganas de la superación, de la creatividad, de la no renuncia, y de querer, sobre todo de querer. Pero llegados a este punto no me importa. Me he dado cuenta de que la vida puede ser maravillosa, aunque en ocasiones duela tanto como algo que... no sé explicar.
Alguien a quien le he regalado mis ganas, mis provocaciones, mis secretos... casi todo mi yo. Con lo que espero que sepa cuidarlo porque me ha costado mucho hacerlo. Y hoy, ¡hoy me siento bien! No lo había gritado así desde hace muchísimo tiempo, pero es que esto me hace dar de mi lo que no tengo.
Hace tiempo pensé que contando las estrellas de cualquier universo la vida había querido que yo fuera luz, pero ese día no estábamos, precisamente, contando estrellas. Sé que el tiempo siempre impone su ley, pero siento felicidad ante el tiempo que como ya he dicho antes, alguien, me está regalando. ¿Por qué estamos aquí, si en unos cuantos millones de horas nadie nos va a recordar? Contestaré a eso diciendo que el mientras tanto hay que pasarlo de alguna manera, y... ¿por qué no en compañía de alguien que te quiera?
"Quizá vuelva a romperme, y a tener que soldar cada parte dañada con mucha paciencia y más de ese tiempo. Por eso, odio la música en los momentos rotos, porque siempre me hacen recordar." Solía decir. Y se acabaron los quizás, los peros y los pretextos. A partir de hoy crearemos universos, en las horas más oscuras me hará levitar. 
Empieza la recompensa por cada mala racha, por cada momento roto. Empieza la vida por simbiosis. Empiezas tú y empiezo yo. Empezamos nosotros.

En una calle de Madrid.

Un beso. Uno solo no. Otro y otro más. Manos entrelazadas, ojos que se buscan y encuentran espacios y panoramas nuevos. Esa vez, momento único que desearías que no acabase. 
Descubrirse, vulnerables y frágiles, curiosos y dulces. 
Una explosión.

Vamos a metabolizar la vida desde la cima del optimismo.

own

Un día te das cuenta de que las cosas vuelven a cambiar, amiga. Se acabó el mirar con sentimentalismo y melancolía a los días pasados, ya que gracias a ellos somos lo que somos, y porque ya es hora de cambiar y sonreír, pero con sonrisas de verdad, las de escaparate no me valen. Quiero sonrisas como las que me producen los días de lluvia, esos días en los que pasada la tormenta huele a tierra mojada. Vamos a ponerle una banda sonora distinta a cada amanecer, a cada paso que demos a partir de hoy, y vamos a entornar los ojos para hacer nuestro todo aquello que por estar demasiado cerca nuestros sentidos no ven, no oyen, no huelen y lo más importante, no tocan. Desde ahí arriba, desde el positivismo, el recorrido es más llevadero; estoy segura de ello aunque nunca lo haya probado. No desperdiciemos ni un solo segundo de nuestro tiempo porque lo que hoy es hoy, mañana será ayer. Somos jóvenes e inmortales, no lo olvidéis nunca, pero la inmortalidad es tan efímera como aquellos atardeceres veraniegos, así que hagamos un chocolate caliente con ella. Cada día, cada paso. Kamikaze pero jóven. Joven pero sensata. Me quedo con el sabor de esa última noche, ¿vosotros? Contádmelo en abril.

Es lunes, y está lloviendo.
No diré que no quiero saber más de ti, sabes que necesito saber con quién vas y a dónde, pero si te digo que no tengo en mente seguir detrás de ti toda una vida. No fuiste lo que creí que serías. Quizá pensé que podías aprender a querer sin excepciones, veo una vez más que todos nos equivocamos. Hoy, quiero desearte lo mejor, quiero que sepas que no me arrepiento de nada y quiero que sepas que te quise como quizá no vuelva a querer en un buen tiempo. Quiero que entiendas que aún te necesito, pero que voy a pasar la hoja, que intentaré crear un presente a mi favor, se acabó el pensar por último lugar en mi, prometo perdonar y olvidar, por respeto a quien hoy busca verme feliz y de hecho me hace feliz. Siempre te voy a recordar por ayudarme, tal vez sin querer, a vencer mis miedos. Gracias, además, por enseñarme a confiar en mi misma, la gente miente, todos buscan lo más fácil, incluso tú. Sabes como son las cosas, me conoces, y aunque quizá debería, mentiría al decir que te voy a olvidar. Seguiré aquí, al igual que sé que tú seguirás ahí, para cualquier cosa, como sólo un buen amigo sabe hacer. Gracias, y aunque hubieron mil decepciones de por medio, yo si logré quererte.

Un día capicúa, como todo en general.

Hay veces que no soporto esa sensación, parece que floto en la mentira más absoluta, me siento utilizada y débil. La mayoría de las veces lo soluciono dándole la razón o asintiendo con cara de incomprensión pero en el fondo me muero por hablar, por desfogarme yo también y contarle mi versión. Supongo que nos pasa a todos, todos queremos intervenir, todos queremos dejar la marca. Y sé que no se trata de un cuento ni de una pesadilla; es, ni más ni mesnos, la realidad de las cosas. Y ésta puede ser a veces estupenda incluso a veces estupendísima, otras así y otras asá, y en algunos casos puede llegar a dar asco. Pero lo mires como lo mires, empieza y acaba sin posibilidad de cambio, siempre es igual, de atrás a delante y de alante a atrás. Os lo aseguro.

Allí ya no quedaba nadie.

Después de un tiempo volví a esa casa abandonada en medio de la ciudad y permanecí en silencio un buen rato delante de la puerta sin saber muy bien qué hacer. Cuando entré me vi en medio de esas paredes que a pesar de su vejez todavía huelen a risas y a amor, a divertidas persecuciones, a fugas simuladas, a besos en cada habitación y a suspiros qué aún retumban en el aire como leves sonrisas que lentamente se van descoloriendo. Hubo un momento que de entre la madera desvencijada de una ventana me cegó un rayo de sol, parecía intencionado, me recordó a las tardes de antes, allí. Entonces en ese momento entendí que solo eran recuerdos, que allí ya no quedaba nadie excepto yo y ese olor a madera mojada.
De repente esa casa me pareció triste. Como si hubiera perdido todo el esmalte. Como si todo se hubiera desteñido de improvisto. Como si todo hubiera quedado desenfocado, ofuscado o disuelto en agua. O, al menos, así es como lo vi a través de mis lágrimas.

Millones de mentiras ambientando tu diario.

Hoy es uno de esos días en los que no sabes qué hacer con tu vida. No sabes si reir y hacerlo tan alto que los cristales de la habitación donde te estás ahogando lleguen a vibrar o si llorar y llegar a atragantarte con tus lágrimas. Yo, en disyuntiva con estas dos alternativas he optado por colgarme la sonrisa falsa, la triste, la de ''no si todo está bien'', esa que, cuando se apague la luz pesará como una tonelada de hierro. Y lo peor de todo no es que estés triste y no tengas ganas de sacarle partido al día que te ha tocado vivir, sino que pagas tu malestar y tu tontería con quien sí tiene ganas de encontrarse bien con el mundo. Con esa persona que se ha puesto su mejor sonrisa, la de verdad, la de romper cristales solo para ti.

Como actores entre bambalinas.



En ese caso ¿qué haces para sentirte mejor? A mi, de momento, me consuela saber que dentro de muy poco podré abrir el cajón de las bufandas y que mi nariz empezará a formar parte del hielo cada mañana. Además en esos días de invierno te sientes como en una obra de teatro, el ambiente lo pide y tú aceptas. Si te fijas suele haber charcos en el suelo después de una larga e intensa tarde de lluvia y las noches se alumbran con pequeñas luces de colores. Sientes como el gran foco de luz blanca apunta hacia ti para cederte prioridad ante otros, y vuelves a ceder. Las grandes avenidas se llenan de gente, ruido y coches. Lo divertido o íntimo de esto es que puedes pasear de la mano con quien quieras y por donde quieras. Nadie va a sorprenderse, ya que sois vosotros los protagonistas de la obra, en la cual no habrá telón para anunciar el comienzo o el final, de eso nadie se preocupa, quedáis ocultos bajo el cartel de "nosotros somos luz y ellos están ciegos". Es tan solo una forma de sentirse e instantes en los que alargas al máximo cada suspiro en las subidas de felicidad, como actores entre bambalinas después del acto que acaban de interpretar mejor de lo que pensaban, lo saben por la intensidad de los aplausos que escuchan, en tu caso, o  en mi caso lo sabes por la intensidad que tengan los besos que te acaban de regalar.
Entonces esos días de frío, esos días en los que te has sentido tan bien, se quedan en ti para siempre. Y quizá algún día se olviden, pero por el momento son para siempre.

Quién tropieza y no cae adelanta camino.



Estoy aquí, en medio del tránsito estacional, entre el otoño y el invierno. Me acompaña una maravillosa envoltura de sonido, la música más apropiada para un momento como este y además los árboles me han cedido una apertura a modo presentación con un telón intermitente en tonos amarillos y marrones.
Sigo en el mismo sitio, aunque tumbada boca arriba en el césped mirando tu foto y eso me ha hecho pensar en ti. En como tu perfecta vejez me hace preocuparme por lo rápido que va mi segundero, en la historia de cada uno de los pelos blancos que hay en tu barba, en tu piel cuarteada pero suave y en lo importante que eres para mi.
Estoy en el sitio menos pensado mirando el cielo, un cielo que hoy está lleno de nubes grises que se mueven con un viento frío de noviembre y me gustaría saber si el mar está hoy revuelto, si las olas de hoy son motivo de angustia para los marinos que tengan que combatirlas o para sus familias que les esperan en casa, al igual que lo fueron para ti durante tanto tiempo. No lo sé, supongo que si.
Desde esta posición he levantado la foto con ambos brazos y te has quedado suspendido en el aire durante un rato. Momento único.
No me consta que esta sea la manera más frecuente de acordarse de alguien pero creo que poco tiene de frecuente lo que hago. Me di cuenta hace unos días que he destrozado por completo ideales en los que creí enteramente durante mucho tiempo y he renunciado a cosas, momentos o peticiones creyendo que las optativas eran lo correcto. Cada dos de tres de esas veces me he equivocado y casi nunca lo he podido retomar. Así que por eso no creo en la suerte.
Te hablo de esto porque se que esperabas de mi no algo más, pero sí algo diferente de lo que has visto, y creo que yo también. Y quizá cuando todo eso que esperábamos llegue ya no estarás para celebrarlo conmigo, así que le pongo por adelantado tu nombre a mi futuro éxito.

Mientras tanto seguiré siendo la sinapsis entre las estaciones del año, con todo lo que eso conlleve y seguiré disfrutando de los días familiares con él, con mi abuelo.

Deja que el viento la lleve por toda la ciudad.

own
Vuelvo a escribirte, aunque la carta de hoy es la más especial de todas, la de hoy está fechada a veintinueve de octubre. Exactamente hoy hace un año de la noche en la que dejé de ser todo lo que era para convertirme en lo que soy. Un año de la noche en la que me cambiaste un beso de alguien inolvidable por toda tu esencia, por toda tu realidad.
Desde entonces todo, en parte, ha ido mejor. Me he equivocado en infinidad de cosas pero otras muchas han salido perfectas y se que de no haber recorrido tantos kilómetros aquel día esto no hubiera sido así jamás.
Aquellos diez días fueron de los mejores que recuerdo, de hecho pocas veces me he sentido tan bien como entonces. Hoy escuece cada uno de los recuerdos y me producen instantáneamente unas ganas inmensas de volver. No cambiaría nada de aquel viaje, nada en absoluto.
Te echo de menos, igual que echo de menos todo lo que tiene que ver con tus baldosas, tus ruidos, tus mejores vistas, tus paseos, tu muchedumbre. Todo.
Ahora que ya ha llegado el frío los días empiezan a ser más largos y el cielo últimamente está nublado así que esto empieza a parecerse al cielo rojizo que me dejabas ver cada atardecer.
Siempre pienso, junto con los demás que también te echan de menos, que sería magnífico que pudieran ser reversibles todos y cada uno de aquellos días en Nueva York.


Volveré, te lo prometo.

Pd: Happy Halloween.


El hombre y la mujer han nacido para amarse, pero no para vivir juntos. 
Los amantes célebres de la historia vivieron siempre separados.

Me llaman Otoño desde que solo hablo de ti.

own


Y fue en ese momento en el que me decidí a que contaría historias sin palabras, que recogería los latidos de los corazones que pisasen las calles mojadas de Madrid. Decidí que con mi cámara robaría el mundo, o algo mucho mejor que el mundo: sus luces. Con mi cámara contaria historias que no se pudieran entender, que con solo prestarles un mínimo de atención se pudieran convertir en magia. Y lo hice. Aprendí a llenar de magia los rincones más tristes. A bailar con los colores que el caprichoso sol tornaba en tonos dorados al atardecer. Aprendí a hacer de una vieja y usada cámara mi mundo, y de mi mundo un torbellino de flashes. Aprendí a volar entre miles de negativos, entre las luces rojas de su pequeño estudio. Pero nunca he levantado los pies del suelo. Nunca he cambiado la fotografía por lo que realmente amo más en el mundo: mi viejo colchón sobre el que, mi espalda desnuda enmarcaba la mejor fotografía que jamás quise tomar.

El adiós más triste

Le he imaginado recorriendo las turbulentas calles de Manhattan entre la multitud, entre mil historias desconocidas como la suya y, por primera vez, he comprendido que su círculo, al igual que el de muchos otros se ha completado, aunque a él mucho antes de lo previsto.
Es tan extraño sentir que comprendes que la vida puede escapársete de las manos en tan poco tiempo. . .
.No se si volveré a saber de él (se preguntará ella). Pero sé que, en algún punto de la misteriosa ciudad, hoy toda cubierta de negro, el chico del que ella se despidió para siempre ese amanecer de octubre, sigue vivo de alguna forma y mantiene encendida la llama del recuerdo de Kassandra, soñando el momento de reunirse con ella en un mundo donde ya nada ni nadie los pueda separar jamás.


. Espero que la encuentres, amigo.


Para el novio de Kassandra. Que descanse en paz.

Parte mia, parte suya, mucha parte nuestra

own
Mi padre. Trabaja en algo que no tiene nada que ver con la televisión y todavía recuerdo como, cuando era más pequeña, le pregunté qué es lo que hacían los actores mientras ponían anuncios en la tele, a la vez que la retransmitían por televisión. También recuerdo como entre risas él me contestó que eso llevaba ya un tiempo grabado, que se hacía por escenas, a trozos, y luego lo juntaban todo. Tengo grabada en vídeo a mi hermana pequeña haciendo las típicas gracias de esas edades. Cosas de críos. Gracias a otra grabación, de ese mismo día por cierto, también recuerdo como era la voz de pito que tenía a esa edad, no sé cual. Tengo un padre que es aficionado a prestarme su ayuda en cada paso que doy, incluso para sacar una simple fotografía.
En resumen, tengo un padre, podría contaros muchas cosas más sobre él, pero me limito a decir que, evidentemente, guardo muchos buenos recuerdos a su lado, pero sobre todo, le quiero agradecer que de mi corta vida, o mis escasos 18 años, hay un sinfín de pequeños y grandes anécdotas que sólo recuerdo por él, o por su pequeña manía y afán de querer inmortalizar todo, y llevar siempre cualquier instrumentillo tecnológico encima, ya sea un pequeño trípode(si, poco tiene de tecnológico) o una cámara de fotos cada vez más desgastada. Y de todos esos recuerdos que para mí valen tanto, he de reconocer que mi vida de interesante, poco. Pero si puedo asegurar que desde bien pequeña me ha corrido por dentro el gusanillo que me ha incitado a querer más, que me ha hecho verme, no sé por qué, más feliz que cualquiera que me rodease, porque he tenido siempre la posibilidad de correr, de pelearme, de gritar, de columpiarme, de caerme al suelo y tropezarme, de hacerme una herida en el recreo, de reír, de llorar, de planear algo con la mansa mente de una niña de 10 años, de ir con mi madre a comprar a Zara Kids y llevarme lo más hortera. También he tenido la posibilidad de ser de las primeras en entrar al comedor y de salir la última, de decidir no comer nada y sentir psicológicamente como justo el día que lo pruebo, no dejo ni rastro del asqueroso potaje y el asqueroso arroz con tomate del comedor del cole. He podido celebrar mi cumple en un local de lo más simple en mi urbanización y recordarlo como tardes estupendas con los amigos, tengo fotos con todos mis amigos al lado desde los 4 años (o con casi todos), me acuerdo de construir casitas pequeñas para las hormigas y escribir en mi diario con Ariana las mañanas de julio. Me acuerdo de mis piececitos andando por las playas de Cádiz, y pararnos antes en un chiringuito a comernos una bolsa de Doritos, de taparme los oídos al escuchar petardos e incluso llegar a llorar. He tenido la posibilidad de poder decir toda orgullosa desde bien pequeñita que ya me duchaba y me lavaba el pelo sola, de disfrazarme de Escarlata O’hara a partir de aquella estupenda Navidad, de ser una niña egoísta y caprichosa, de preferir bucear que nadar en la piscina, de morirme de asco al ver una tarántula muerta flotar sobre ella, y de aprender a los 7 años como pronunciar perfectamente “red” en inglés. He coleccionado bichos dentro de un bote de pelotas de tenis con mi hermana pequeña, y he sabido desde siempre que desde luego, los bichos (como estos del bote de tenis) bonitos si, pero me dan un asco impresionante. He jugado al tenis desde bien pequeña y antes no lo sabía apreciar, pero ahora se, que todo lo que me ha dado el deporte tiene en parte culpa de lo que soy y como veo las cosas hoy en día y se merece un gran agradecimiento.
Me he sentido desde pequeña muy afortunada por poder viajar, y tampoco he viajado mucho, me he sentido desde pequeña muy afortunada de poder hacer prácticamente todo lo que me gustaba siendo consciente de que hay otras muchas personas que están limitadas o que simplemente no pueden. Me he sentido desde bien pequeña muy afortunada de tener el padre que tengo, la hermana que tengo, la madre que tengo, de haber tenido la oportunidad de conocer a cada una de las personas que he conocido, de quienes siempre he aprendido algo distinto. Me siento ahora muy afortunada, de saber que sigo siendo pequeña, y de saber que, sin acordarnos, mientras que hay a muchas personas que se les está acabando el cuento, a mí me queda todavía mucha historia por contar y querer inmortalizar fotográficamente, tal y como mi padre, sin ser consciente de ello, me ha incitado a querer hacer.

.
“Y fue en aquella ocasión en la que empecé a pensar en Thomas Jefferson escribiendo la Declaración de la Independencia, diciendo que todos tenemos derecho a vivir, a ser libres y a buscar la felicidad. Y pensé en cómo supo poner la palabra "buscar" ahí en medio, como si nadie realmente pudiera alcanzar la felicidad, como si sólo pudiéramos buscarla…”

Vaho en los cristales

Enciende la radio y apaga todo lo demás.
Oscuridad. Suspiros repentinos. Manos que se cruzan, divertidas, un beso y una camisa que resbala. Un cinturón que se abre. Una cremallera que baja despacio, muy despacio. Un salto. En la oscuridad pintada de oscuridad. Felices de estar allí. . .
Oscuridad hecha de deseo, de ganas, de ligera transgresión. La más suave, la más deseable. Coches que pasan veloces por la carretera. Faros que iluminan como un rayo y desaparecen. Ráfagas de luz que dibujan bocas abiertas, deseos suspendidos, alcanzados, quizá cumplidos, ojos cerrados, segundos después abiertos.
Y más y más.
Como entre nubes. Pelos alborotados y asientos incómodos. Manos que proporcionan placer. Bocas en busca de mordiscos y coches que continúan pasando, tan veloces que nadie tiene tiempo de reparar en aquel "amor" que sigue el ritmo de una música al azar, procedente de la radio. Y dos corazones acelerados que no frenan, a punto de chocar.

¡ meses y meses !

A.C

Sube el volumen del reproductor, de pie, escucha y tararea un trozo de la canción, de su canción.

Luego se agacha y recoge lo que se le había caído sobre la alfombra.

De su cuaderno de biología cae la foto que se habían hecho ese mismo fin de semana y que nada

más llegar a su casa la había impreso. 

Estaban preciosas, la foto demostraba lo mismo que muchos meses atrás, nada había cambiado.

Incluso esas sonrisas eran más grandes y verdaderas ahora.

Todos lo saben, ellas lo saben, y no es una promesa  sino un hecho después de tanto tiempo.

“Sabes que estaré, 

sé que estarás 

y no creo que haya 

nada mejor  que eso”.


Piensa que si un día ya no está… echarás de menos  hasta su caminar, su

despertar, su forma de hablar,  su mal humor, su estar mejor, su pelo y su olor.


Martes

No, no me cuentes eso a mi, no te atrevas ni a... así no es como se trata a una amiga, por muy perturbada que esté tu cabeza las cosas no se pueden definir así, sin más.
¿Besándome los sábados por la noche? ¿Agarrando mi mano, los días entre semana, cuando voy caminando por la calle y la estiro hacia atrás? ¿Tener planes para dos cada domingo?
Se que tienes miedo, pero defiendo que todo el mundo debe arriesgar y quererse y los dos sabemos que nos queremos.
No sé que ha sido del tímido roce de tu nariz por los distintos rincones de mi cuerpo ni de los pasos de astronauta por cada uno de mis lunares. Ya nadie agarra mi mano cuando voy caminando por la calle y la estiro hacia atrás. Nadie pasea conmigo, agarrados, como dos niños perdidos que no se deben separar.
Ya no hay domingos en mi calendario, nadie abraza mis abrazos después de comer. ¿Dónde ha quedado que no sea el helado quien se derrite, sino nosotros al compartirlo?
Yo tenía horario para la televisión, era jueves y viernes a partir de las 23:30, dime que han cambiado las horas, o los días, porque hace mucho tiempo que no la veo. . .

Bienvenido, otoño.

Y con las primeras ráfagas de frio llega el color amarillo mostaza del otoño, me gusta mucho esta estación, quizá no tanto como me gusta él, pero aún así me gusta. Últimamente le doy poca importancia a ese sonido molesto del reloj, es algo así como un tic-tac que se repite en silencio que parece marcar el tiempo que ya no está. Tiempo que, en mi caso, ha sido derrochado en cosas insignificantes, cosas pequeñas, cosas vanas...
Quizá haya manera de recuperarlo, y de prometer cosas que vayan a cumplirse, pero no lo se. Tampoco se como recibir al otoño, si de manera que ese tic-tac se oiga solo de vez en cuando y sea yo la que esté al otro lado sonriendo y sabiendo que ese sonido está perturbando la cabeza de otros o permanecer en silencio escuchándolo.
Él quiere su tiempo, yo necesito mi tiempo, pero prometo que en cuato pueda le llevaré a un lugar en el que el mundo nos quede muy lejos y nos podamos besar. Ese día alomejor no llega, pero el día de hoy ha llegado y quizá en este mismo instante esté dormido, me jugaría lo que sea a que tiene la pierna derecha estirada y la izquierda un poco flexionada, lleva exactamente 76 minutos en esa posición y quizá esté invadiendo un pequeño hueco entre sus sueños. Jamás lo sabré.
También sé como es el olor de su piel los días que se le olvida echarse colonia, días como los de hoy por la tarde, días cualesquiera, días de otoño.


No te vayas, no me dejes, ahora no, ¿vale?

.

Y cada vez peor. Y cada vez más rotos.
Y cada vez más . Y cada vez más yo.

(sin rastro de nosotros)

.


Y ¿Dónde? ¿En qué momento? ¿En qué palabra, se deja de querer?

Y ¿Dónde? ¿En qué lugar? ¿Por qué razón, se deja de sentir?

Todos parecen felices. . .

...Y sonríen, a veces, cuando hablan.


Y se dicen , incluso, palabras de amor.

Pero se aman de dos en dos para odiar de mil en mil.

Y guardan toneladas de asco  por cada milímetro de dicha.

Y parecen -nada más que parecen- felices,

y hablan con el fin de ocultar esa amargura inevitable,

y cuántas veces no lo consiguen,

como no puedo yo ocultarla por más tiempo; esta desesperante, estéril, larga
ciega desolación


por cualquier cosa que -hacia donde no sé-, lenta, me arrastra.

 " Las casualidades son las cicatrices del destino. No hay casualidades, somos títeres de nuestra inconsciencia." (Carlos Ruiz Zafón)



Gente que corre orgullosa de su estrés.

Gente que vive demasiado deprisa.

Gente puntual, o no.

Gente que cree saber sobre el mundo a pesar de ignorar más de la mitad.

Gente que busca pero que no encuentra.

Gente como yo.

Gente como tú.

Gente que llena el Mundo.

Gente.

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