Miércoles.

J
Soy de donde soy feliz, de las personas que me hacen únicos los lugares y los porqués, aunque éstos no sean más que una calle cualquiera de Madrid, un trocito de algún sofá, la sonrisa más bonita o un paseo con café muy caliente para llevar. Soy de donde aprendo a ser mejor, de donde me hago mayor y de donde antes quería huir y ahora resulta que es la única manera de encontrarme a mi misma. Soy de donde me fui para saber a donde volver, porque hay que volver para saber donde quedarse y... lo más importante, hay que quedarse para saber con quién.

Lunes, el más triste del año, dicen ellos.

Me basta con un beso, a veces me basta solo con eso, o casi siempre, o siempre. Un beso que en suma son muchos a la vez, primero cortos, entre risas, entre giros de cabeza, entre saliva dulce, besos que me van contando a donde quieren llegar, besos que después ya no son tan cortos, ni tan suaves, besos que muerden, que te quieren, que te dan ganas de más. De más besos, de una risa más sonrisa, más verdadera, más amor. Besos que me dicen mucho más que una palabra, más que un ten con ten. Más que nada. Besos que me llevan lejos, muy lejos, donde prometo que nadie ha tenido la suerte de estar, besos que recomendaría a cualquiera que tuviera un mal día si no fuera porque los quiero todos sin excepción para mi. Aún, todavía y siempre todos para mi. Sus besos.

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