La fragilidad de ser, por un momento, mortalmente infinitos.


No espero tu respuesta, pero hoy he decidido recordarte. Llevo casi un año sin prácticamente pensar en ti, si lo prefieres en tiempo reducido. Tal vez te estés preguntando miles de cosas, tal vez es lo que yo desearía... o seguramente no, ya que nunca leerás esto.
Qué niña era. Que delicadeza desprendía. Muchos días sin que te importase lo más mínimo, y aún hoy si cierro los ojos me veo saliendo de ese bar. Cuánta ingenuidad resbalaba por mi pelo, cuantísimas ganas escondían mis gafas de sol, y que mal las disfrazaba de indiferencia cuando, sin más remedio, tenía que mirarte. Era cuestión de tiempo. Lo sabía, y tú lo sabías también. Jamás pudiste disimular. No sabías disimular y tampoco queríamos hacerlo. Solo bastaba con ignorarte unas horas hasta el próximo asalto. Yo era una niña con ideas de presente claras y me daban igual las barreras que hubiera que destrozar para llegar al final. Y cuanto más intentabas aparentar normalidad hacia mi, yo más me arrimaba al calor de quienes eran frío para ti. Que bien guardabas la rabia, que bien lo hacías.
Me decías que era la típica princesita de cuento que hasta el movimiento rotatorio de la Tierra consigue marear. Y hoy te recuerdo y sonrío, después de todo. Yo, princesa que repugna el cuento. Princesa que necesita dormir. Princesa sin aguante extremo.
Aquella despedida a las 4:00 am, cuando te di las buenas noches y el temblor de tus manos sumado a que a penas me mirabas me realizaron por completo, te morías por un beso. Y así lo hice, pero no el que tú ansiabas en silencio. Cerré la puerta y me marché. Me fui a otro calor, aunque sabía que volvería a verte. Tengo lagunas de todo lo que pasó, pero recuerdo el sentimiento de protección que me provocabas. Podría haberme alejado y no dejarte correr ese riesgo, pero en realidad tampoco me planteaba pensar por nadie más que por mis pies.
¡Qué bien resbalabas! Qué bien te preparaste para mis ataques. Eras estúpidamente listo. Y mis ganas por que fluyéramos juntos crecían cuanto más me rehuías tú.
Veintialgo tarde. Que frialdad la tuya. Veintialgo noche. Mi pregunta de rigor, tu respuesta inesperada. La princesita había madurado. La princesita hablaba desde la boca de alguien que lleva esperándolo mucho tiempo. Te pedí que me abrazaras, y volví a ser princesita. Pero qué sinceridad había en tus temblores, en realidad enredabas mil hilos sin mi consentimiento. Estabas realmente guapo esa noche. Me cogías de la mano mientras yo hablaba con Madrid. Y tú me seguías agarrando con fuerza, a la dulce niña ilusa. Por algo me llamas estúpida. No quedaba nada para derribar mi muro aquella noche, tal vez esa habitación. Mis manos, tan inocentes, Durante un ligero pestañeo te sentí enorme. "Buenos días princesa" y demás cosas que no se sienten por la mañana. Pasaban los días y me enredabas sin yo darme cuenta, sin tú saberlo. Niña, me sentía mujer paseándome como si todo estuviera bien. Niña, no me llores, me decías. Niña, no me digas que me quieres. Niña, no me pidas que no te olvide...
Puede que fuéramos algo duros mutuamente. Frené. Te hice creer que lo que sentías no era sentir. Te hice creer que solo me habías sentido allí, únicamente. Te vi llorar, te vi romperte, me viste destrozada. Pero dio igual, porque te obligué a desfribilar la amistad de ese algo que sentías.

Me arrancaste la dulzura.


Mira que esperaba tu llegada, pero apareciste de la nada y me pillaste mirando al suelo.
Eras como una especie de super héroe, sin nada que hiciese adivinar que lo eras.
No todo el mundo que estaba allí pudo verlo.
Lo que tú haces encierra algún misterio. No te quise preguntar...
No eres de llevar capas, eres más de invitar a copas. 

Y después de tenerte tan cerca, delante y luego al lado, volvimos a casa pisando el asfalto, mientras miraba al frente, preguntándome cuánto había de real.

Es usted mucho más fuerte de lo que cree.





                

Definitivamente no es suficiente aparentar. No es suficiente ni es nada. No sirve. Hay que ser quien se es, y serlo lo mejor que puedas sin prejuicios, sin odio, sin considerar lo ajeno mejor que lo propio, sin necesidad de comparaciones constantes con lo que ocurre dentro de otras casas. Habrá veces, momentos, meses, temporadas, que las cosas no te permitan sentirte bien, ¿por qué? porque creamos expectativas idílicas que a su vez crean ilusiones en nosotros en nuestra mente frágil y pobre. Nosotros, los seres humanos, tan vulnerables por todo lo que nos rodea, por todo lo que, en realidad, nos hace ser, nos derrumbamos en cuanto esos ideales varían, cuando el corazón se desboca, el cuerpo se tensa y el cerebro no funciona bien. Si nos sentimos en peligro, reaccionamos atacando, aislándonos o huyendo, lo que impide que comprendamos a los demás y lo que imposibilita que éstos nos vean como realmente somos. Y damos importancia a todo menos a lo importante, que es tener muy presente que vivir es un asunto urgente.
Frases, tan comunes ya están muy oídas, muy repetidas y que intentamos buscar nuevas, para ser más originales, para ser únicos, que es a lo que tendemos inconscientemente.
Esas frases comunes como: Hablar para ser comprendido y escuchar para comprender. Conozco tu intención aunque no lo sepas. ¿Hijos de nuestra historia o esclavos de ella? Yo tengo razón, tú te equivocas. Tu rabia me aclara, tu ira me ciega. No me grites que no te oigo. Cuando estoy mal no esperes a que te lo cuente. El poder que hay dentro de ti. Por favor, necesito una dosis de risa. Una crisis es una oportunidad disfrazada...
Espero que lo ocurrido nos de una lección a todos, que nos demos cuenta de que es necesario ser más relativista con todo y que lo único importante, por encima de todo, es ser feliz seas lo que seas.

Y parece que solo cambiamos cuando vemos las consecuencias de no hacerlo. Jamás lo entenderé.


Te arranqué la dulzura, estúpida niña ilusa. Espero que aprendieras la lección.
Te arranqué la dulzura, estúpida niña ilusa. Espero que aprendieras la lección.
Te arranqué la dulzura, estúpida niña ilusa. Espero que aprendieras la lección.
Te arranqué la dulzura, estúpida niña ilusa. Espero que aprendieras la lección.
Te arranqué la dulzura, estúpida niña ilusa. Espero que aprendieras la lección.

"Pues si crees que es Él, dáselo todo, no le des celos ni le hagas sufrir porque en el fondo te gusta que siempre haya estado coladito por ti"
Un segundo muy corto después, una sonrisa inmensa, dando fe a esas palabras y sentir lástima por no tenerle cerca.

Criterio EGO.


Dos y media de la mañana. ¿No duermes hoy conmigo? El verano yéndose y yo aquí, aún con olor a sal y arena en las manos, aunque puedo decir que he sido feliz.
Dos y treinta y tres. Sabor de vodka con limón y recuerdos de esa noche un poco confusos, toneladas de tequila... y todavía me huele el pelo a tabaco.
Dos y treinta y cinco. ¿Todo ese frío? También estaba allí, ¿se desencajaron las olas? No me acuerdo.
Dos y cuarenta y uno. Pasar fugazmente de tener todo a no tener nada. Un encuentro eterno.
Dos y cuarenta y uno y cincuenta segundos. Mi cara empapada, otra vez.
Dos y cuarenta y siete. Supersubmarina sonando, me siento atada a los recuerdos, intento ensanchar la boca y sonreír ante la sonrisa triste de los... tristes recuerdos. Tengo frío.
Tres cero uno. Ahora que no me escuchas te grito que me sentí enorme entre esos labios que solo decían verdades. Madrid no será tan fácil.
Tres y seis. ¿Sobrenatural tu forma de encontrarme? ¿Cuándo? ¿Crees en mi?
Tres y dieciséis. Vuelvo a echar de más, a otros, de menos. Me encanta la velocidad. ¡Y gritarás y gritarás!
Tres y veintiuno. Pestañeo de un segundo, ¿té? Si, té con insomnio. Y dos manos subiendo una persiana al otro lado del cristal, quizá quiera despertar ya.
Tres y veinticinco y no estás, sigues sin estar aquí. La tirita y la cicatriz, la cordura que se desató, y la mentira más sincera. La antítesis total que nos mantiene cerca. Necesito un abrazo para dormir, abrazos que muy bien podían haber reventado más de una intuición. Se eso, la distancia que nos separó, se tú por mi.
Tres y media. ¿Y las noticias de tu pelo? Ese frasco de olor... se ha perdido en la levedad de mi cama, de mi colchón viejo.
Tres y treinta y tres. Me he vuelto loca.


...when you feel scared of darkness


Están poniendo "Arreglame la vida entera" en el espejo de tu cuarto de baño.


Ya no queda nada, todo se ha roto, hasta los esquemas que mejor explicaban la realidad. Todo. Qué miedo da que el tiempo pase tan deprisa, y todos esos recuerdos futuros que parecían tan reales pero que se han desdibujado en una hora, aunque me empeñe en que no sea así, es. Y el suponer que todo iba a continuar su curso era mucho suponer, suponer que la música iba a seguir sonando en estéreo por mis estanterías, que el verano no iba a tener este final. Un final tajante y sin posibilidad de cambio. Y que la luz volvería a ser luz, pero no puedo dejar de llorar, solo tengo frío y ganas de salir corriendo. No sé muy bien hacia donde.

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