Ojalá me quieras libre.


Sobre las seis al ir a sacar un folio para hacer un problema de química, esos de la tablita con reactivos y productos, he visto mi nombre escrito dos veces con unas letras preciosas. Ha sido inevitable acordarme de ese día, de ese momento, del no poder dejar de mirar como alguien dibujaba mi nombre en ese folio. Después ha vuelto el nudo a mi garganta al acordarme de todo. ¿Qué estarás haciendo ahora? No lo sé o no quiero saberlo y ¿llevarás puesta esa camiseta que tanto me gusta? ¿seguirás enfadado con el mundo por ir en tu contra? ¿habrás desayunado ese asqueroso café de máquina? No lo sé, llevo dieciocho horas sin saber de ti y no haces más que ponerme triste. Quizá ya no piensas que hacemos buena pareja, ¿llevas mi pulsera puesta? Yo la tuya si, aunque hoy te de igual. Ya, ya sé que muchas veces te comparo con la libertad aunque no haya sido explícitamente pero no puedo evitarlo. Si, eres libertad. Cuando estabas aquí, libertad. Cuando te has ido, libertad.
Libre. Qué palabra tan bonita, pero lejos de todo término que consigamos vulgarizar aún sin esta en nuestras pretensiones, es sentimiento. Algo abstracto. Como cuando gritas, libertad. Como cuando bailas entre las olas del mar, libertad. Como cuando no sientes vacío, como cuando no eres una caja de oscuridad, como cuando pisas la arena y te quemas a la vez. Libertad. Como el miedo a caminar sin ti, como ver amanecer... Tú, libertad.
Me pregunto si sabrás que me gusta recordarte aunque haga solo unas horas que no te veo, que solo escribo sobre personas que han dejado huella en mi y que tu huella es la más profunda. Y que ahora mismo estoy escribiendo sobre ti.

Hoy necesito hacerte muchas preguntas


¿Te acuerdas de las vacaciones? ¿De las olas que rompíamos sin rompernos? ¿De las fotos juntos aquel atardecer? ¿De las noches eternas juntos? ¿Te acuerdas de como ligaste conmigo haciéndote pasar por un desconocido? ¿Y de qué cara de tonta se me quedó? ¿Y de la respuesta que te dí y que te daría cada vez que me preguntaras? ¿Te acuerdas de la camiseta de las ardillas? ¿Y de tu jersey, ese que me queda tan grande? ¿Te acuerdas del arrebato de amor en Madrid? ¿Y de la fiesta de fin de año? ¿De todo lo que prometimos esa noche? ¿Te acuerdas de las torrijas de semana santa? ¿Y de lo pi que te volviste al comprar toda esa ropa? ¿Te acuerdas, mi amor, de la cantidad de besos que hubo ese día, cada día? ¿Te acuerdas de las despedidas en el ascensor? ¿Y de las cenas en el chino? ¿Te acuerdas de nuestra risa estallando al hacer un brindis con vasos llenos de lambrusco? ¿Y de los paseos por la Gran Vía, y por esa calle que nadie sabe como se llama? ¿Te acuerdas de lo feliz que te sentiste cuando te regalé una sesión de spa? ¿Y de esa canción que te pone tan triste, y de esa otra que te hace volver a la noche del concierto? ¿De la complicidad? ¿Del césped artificial? ¿Y de tantas como esa? ¿De nuestro gusano? ¿De las películas que sin querer hicimos nuestras? ¿Te acuerdas de los jueves? ¿De nosotros? ¿De la ilusión? ...

Cuando todo se enreda y se deshace.

La vida, sus idas y venidas, últimamente más idas. Si añades una V a esas idas y suprimes la S final ya sabes, Vida. La suya, toda su vida. Esa que controla solo ella. Te podías haber marchado antes, aunque lo feo no es que te hayas ido así, lo feo es que escuchas canciones que en su día ella te descubrió y que le siguen recordando a ti. Y pensarás que la esperaste y que ella desesperó entre tardes fugaces casi todas con lluvia. Que día a día se hacía de día en una ciudad vacía, que no era la tuya y la chica futura nunca sabrá que existió. Jamás se hablará de ella en la comida, y eso que a veces, cuando se pone el sol, apuesto todo a que pensarás en la vida que vas a perderte, en lo que nunca más volverás a sentir y que soñarás con ella más de una vez. Su torpeza residirá en haber conocido a personas que luego preferirá desconocer.
Estaba tan ilusionada contigo... yo la veía tan bien, tan feliz. Como nunca en mi vida. Y anoche me dijo que estaba viendo esa película, mientras hablabais en diferentes tonos, pero hasta que no salieron los créditos finales no se dio cuenta de que dos historias habían terminado a la par, como dolías anoche, como dolías anoche... aunque quizá así sea mejor. 
Qué complejos somos a veces, insensatos.

Yo cuidaré de ella.

Tu mundo... robó mis mejores escenas.



La nostalgia vuelve a ratos, unos días más frecuentes y otros menos. Las ganas de volver allí, a la semana sin preocupaciones, a las noches memorables y a los días interminables. La vida era estupenda, lo único que tenía que hacer en ese mundo era ir por ahí, inhalando y exhalando.
Había cedido, no hasta el punto que tú hubieses querido, pero si hasta el que yo jamás imaginé. Y después de los días ausentes y los reproches constantes te digo que esto no se nos ha quedado grande, que siempre serás quien eres cuando menos me lo espere, la persona adecuada para cuadrar mi caos, para responder mis besos. Y que yo seré quien nadie sabe, ese humo capaz de convertir la marea en aquel día tan inalcanzable, la dueña de tu equilibrio. No quiero que dejemos de ser para acabar en huida. Quédate.
El calor no solo sofoca, sino que dilata y a veces nos ensancha tanto que nos da por recordar. Si, los días de verano, aquí tú conmigo y allí yo contigo. Lo desearía una y mil veces, aunque sea una última vez por hoy. Me encantaría ver ese día con la puntualidad de los sentimientos que estiran el tiempo como si un amor de sal fuera a durar toda una vida, una despedida que no terminó ni terminará. Tendré que acostumbrarme, a lo mejor, a la impaciencia de que tú llegues siempre tarde y yo medio minuto después te sonría y viceversa.


Por ti, por mi, porque el mundo es nuestro.

Popular Posts