Muy típico escuchar canciones y relacionarlas con personas o momentos de tu vida, ¿no? Yo odio escuchar música por eso, porque me hacen pensar en todo lo vivido y me asusto al ver como ha cambiado todo. Cuando cuento mis cosas y haces como que no te importa, pero luego en realidad lo valoras de manera muy especial. Odio que tengas tan claro que siempre que quieras desahogarte voy a estar ahí, al instante. No te lo reprocho. Ego y prepotencia van de tu mano, lo borde que resultas a veces y lo que me decepcionas en otras tampoco, todos fallamos. Muchos buenos recuerdos de los últimos tiempos son contigo y ya me da igual todo lo que quedó eliminado y perdonado porque quizá seas uno de los mejores amigos que tengo. Y me veo en la obligación de darte las gracias por hacer cosas por mi sin darte cuenta. Eres único.

De cuando paseaba por Manhattan y era la chica más feliz del planeta. Y de cada día que pienso en volver...

Hacía mucho que no te escribía. Lo siento.
¿Te sigues acordando de mi? ¿de mi pelo? ¿de mi cara con la sonrisa permanente? ¿de la huella de pintura amarilla que dejé en aquella pared del Soho? ¿y del amor que les regalé a los turistas perdidos en el Empire?
Yo... me acuerdo muchísimo de ti, con demasiada frecuencia por desgracia, digo por desgracia porque te echo muchísimo de menos. Tanto que cuando pienso en todo otra vez tengo que detenerme unos minutos para darme cuenta de que no estoy allí, en ti, sino aquí, conmigo.
Me acuerdo de ellos, y cuando hablamos me doy cuenta de que ellos a mi también, y me recuerdan cosas que a mi se me han pasado por alto. Me cambiaron la vida. Me cambiaste la vida. Me hiciste ver que la felicidad existe, la felicidad plena y por eso sé cuando no soy feliz.
Ya...ya sé que te he comparado muchas veces con la libertad, aunque no haya sido explícitamente, pero es que no puedo dejar de hacerlo. Si, eres libertad. Cuando estaba allí, libertad. Cuando me fui, libertad. Y es una palabra bonita, pero lejos de cualquier término que podamos vulgarizar sin estar en nuestras pretensiones, es sentimiento. Algo abstracto, intangible. Como cuando gritas, libertad. Como cuando saltas las olas del mar en el primer baño del año, libertad. Como cuando sientes que todo a tu alrededor fluye al compás del viento, libertad. Como cuando no sientes vacío, como cuando sabes que esa noche no serás un saco de oscuridad. Libertad. Como cuando pisas la arena y sientes el fuego en los pies. Como un abrazo, como el nerviosismo incontrolable de las primeras veces. Como el miedo a lo desconocido. Como aprender a volar cuando aún no te han dado alas, como ver amanecer... tu amanecer. Tú, mi querida Nueva York, libertad.

    «Veo mucho potencial, pero está desperdiciado. Toda una generación trabajando en gasolineras, sirviendo mesas o siendo esclavos oficinistas. La publicidad nos hace desear coches y ropas. Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos, no hemos sufrido una gran guerra ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock. Pero no lo seremos, y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy cabreados».
    […]
    «No sois vuestro trabajo, no sois vuestra cuenta corriente, no sois el coche que tenéis, no sois el contenido de vuestra cartera, no sois vuestros pantalones. Sois la mierda cantante y danzante del mundo».
El club de la lucha

¿Cómo lo haces?

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"Para que tú me oigas seré el viento que hoy entra por mi ventana, y atronaré tus oídos en noches como hoy para que nunca más vuelvas a tenerle miedo al silencio. Nos imaginaré livianos y haré el camino más sencillo. Te inundaré los ojos de luz y conseguiré que tus dedos nunca dejen de acariciarme.
Para que tú me oigas te hablaré de todo, de nada, del tiempo que tuvimos, del tiempo que nos queda. Te imaginaré infinito y fotografiaré cada uno de tus gestos menos perceptibles en mi memoria. Te guardaré en mi mente, de donde nunca debiste salir. Cada noche te compondré; serás nueva melodía en mis yemas, siempre igual, siempre distinto. 
Para que tú me oigas no necesitaré hablarte. Para que tú sientas, yo me dejaré sentir. Para que tú respires, yo purificaré tu aire. Una a una uniré las líneas discontinuas de la carretera. Uno a uno coseré los kilómetros que separan mi ventana de la tuya, y una a una me comeré las nubes tristes que nublen tu mirada.
Para que tú creas, yo seré la fe de la que carezco. Para que tú caminaras hasta mí yo sería el asfalto mojado que acariciase tus plantas. Mediríamos las horas en latidos, los días en latidos, los años en latidos. Tus latidos. Mojaría las calles cada vez que tú necesitaras ese olor a principios de noviembre. Los veranos no serían tan cortos. Los inviernos no serían tan largos.
Para que tú rías yo seré risa. ¿De qué estarían hechas tus madrugadas? ¿Llegarías a sentir lo que siento? Te vería dormir solo para fotografiar el olor de tu piel al despertar. Ese momento en el que abres los ojos y simulas una sonrisa aún dormida. Sería el fuego que encendiera tus cigarros, el humo que saliera de tus pulmones. 
Para que tú me oigas sería tus oídos. Para que tú viajaras yo sería tu vuelo. Para que tú aprendieras yo sería letra. Para que tú vivieras yo... te daría mi vida."

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