Me quema la hipocresía del mundo que me rodea, la forma tan elegante que tiene de vendernos porquería vestida con trajes de chaqueta y corbata a los que yo no tengo acceso. Me quema la mentira, desde mi absoluto desconocimiento acerca de aquello a lo que algunos llaman vida. Me repugna la flama de los mercados que tanto adoran los informativos, las deudas que pagan quienes menos culpa tienen del despilfarro, la ineptitud de quienes manejan lo que siendo nuestro, creen suyo. Pero lo que más me repugna es que yo estudio esta mierda que ahoga a quienes más quiero. ¿Tan cara es la verdad? ¿Tan peligrosa? Me incendio por intentar acercar la realidad a una sociedad cuyos ojos rara vez quieren mirar y dentro de la cual el ciudadano favorito de las autoridades es el idiota, es decir, quien anuncia con fatuidad "Yo no me meto en política". Y lo dice convencido, como si eso fuese posible, como si uno pudiera vivir en una sociedad política desentendiéndose de esa actividad, como si al renunciar a la política no fuese también una actitud política y por cierto, de las peores, porque cede a otros sin saberlo la capacidad de tomar decisiones sobre lo que antes o después va a afectarnos. Ojalá mis hijos no sean abrasados por la impotencia que se siente al admirar como, en ocasiones, para que ciertos opulentos naden entre litros de billetes, pequeños héroes de a pie, infaustos, desdichados, tengan que buscar sus zapatos en la basura. Quizá mi empeño sea censurado por en el camino pero eso no viene a cuento ahora.



Tengo la teoría de que en el fondo siempre sabes cual es el final del camino. Por mucho que llueva mientras llegas, por mucho frío que pases, por la cantidad de lágrimas que puedas llegar a derramar, por muchos papeles arrugados con cartas absurdas que nunca llegaste a enviar y que se mojaron con esas lágrimas, por poco libre que te sintieras y deseabas con todas tus fuerzas sentirte así, por muchas copas que tomaras con las amigas, por muchos besos sin sentimientos que dieras, por muchos abrazos que te dieran con ganas de llevarlo hasta el extremo pero que no era el momento adecuado... En el fondo sabes que la recompensa elimina de golpe todo y el terreno se hace llano y repleto de flores rosas y sabes que ese lugar ya no tendría nada de especial sin él.

Recuerdo que al llegar ni me miraste. Fui solo una más de cientos, sin embargo fueron tuyos los primeros voleteos. 
¿Cómo no pude darme cuenta de que hay ascensores prohibidos, que hay pecados compartidos? Que tú estabas tan cerca. . . Me disfrazo de ti, te disfrazas de mi, jugamos a ser humanos en esta habitación gris. 
Muerdo el agua por ti, te deslizas por mi, jugamos a ser dos gatos que no se quieren dormir.
Mis anclajes no pararon tus instintos ni los tuyos mis quejidos. Dejo correr mis tuercas y que hormigas me retuercen. Quiero que no dejes de estrujarme sin que yo  te diga nada y que tus yemas sean legañas enganchadas a mis vértices.
No se que acabó sucediendo, solo sentí dentro dardos, nuestra incómoda postura se dilata en el espacio, se me hunde el dolor en el costado, se me nublan los recodos, tengo sed y estoy tragando, no quiero no estar a tu lado. Jugamos a ser dos gatos que no se quieren dormir.

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