¿Qué verdad te ha quedado por buscar?


La lluvia de hoy ha vuelto a dejar la tierra húmeda. Y ese olor, ese olor que consigue enderezar cualquier día. Y al respirar te sientes bien, te sientes libre y vulnerable frente a cualquier beso. Doy por finalizada la etapa de los amantes de lo ajeno, por personas como él merece la pena respirar. Diría que merece la pena todo. De un tiempo a esta parte me he dado cuenta de cuál era mi lugar. Y estaba con él, muy cerca de él además. Y son tan grandes las ganas de trazar esas líneas que me abandono a todo momento perdiéndome entre sus manos y echarle de menos cuando no está, como ahora.
Una vez hablé de que el amor era solo polvo, humo que al abrir las manos se esfumaba sin hacer ruido. A la vez pedí que él supiera guiar mi mano al trazar garabatos en mi papel arrugado, ese papel que solo se arruga con la humedad de la lluvia, y confesé y vuelvo a hacerlo, que me empaparía con sus lágrimas. Y sería capaz de juntarlas con las mías y llegar a crear un material tan imperfecto que arderíamos en él. Dije que no le pediría que se enamorara de mi, porque eso significaría convertirse en humo. Pero ahora se que era la mejor opción, y así lo hice, y así sucedió aquella noche. También sé, y solo ahora lo sé, que aunque abra las manos nada saldrá de ellas si no es un apretón de manos que le haga estremecerse y darse cuenta de que todo irá bien. Y ahora tengo sonrisas que compartir. He dejado de ser la perfecta y responsable señorita que encerraba los impulsos en sus puños apretados. Y por fin hay días en los que mis labios pierden los papeles... Todo gracias a la persona más maravillosa que ha podido existir. Todo por él, por él, por él.
Algo que fue mio hace mucho tiempo y que nunca más pude compartir con nadie. Por personas como la que llevo de la mano merece la pena cualquier tipo de espera, cualquier lágrima, cualquier momento roto...
Y que afortunada me siento por no poder dormir en esas noches porque él no me lo permite y por tener conciencia del peso que tiene el tiempo a su lado.
Él. Él era mi mayor verdad. Gracias por haber elegido ese asiento a mi derecha. 
A veces no cabe la felicidad en lo ínfimo de una lágrima.

Que sola no comprende la vida, no.


Ven pequeña, siéntate aquí y escucha lo que quiero decirte.
Has empezado un camino nuevo para ti, y te sientes algo confusa. No hace falta que lo grites, puedo oirlo en tu silencio. ¿Miedo? Si, puedes tener miedo, pero solo en la cantidad justa que justo te empuje a pensar antes de actuar. Has cambiado de mundo, y déjame decirte que los cambios no son fáciles: tendrás que adaptarte, enfrentarte a situaciones a las que nunca antes te habías enfrentado. Te plantearás mil veces y una más tu situación, tu felicidad. Conocerás a gente que te quiera querer, y a mucha otra que, disfrazada de sonrisa, solo te ofrezca perdición. Y debes descubrir qué quieres en tu nuevo mundo, qué necesitas en él. Conoce. Explora. Observa y saca tus propias conclusiones. No te dejes influenciar ni manejar. Aprende. Comprende. Consigue tus metas. Lucha por lo que quieres, por lo que tienes y por lo que quieres querer. Pregunta, empápate de los demás, enriquécete de ellos. Completa aquello que te falta con lo que te ofrezcan quienes quieren ser sinceros contigo, y te adelanto que serán pocos. Te caerás muchas veces y habrá quienes no te ayuden a levantarte, quienes solo te pongan la zancadilla para que vuelvas a caer, pero conseguirás levantarte. Sola o con ayuda, pero sé que lo harás. ¿Que no sabes cuál es tu sitio? Ven, acércate más, que te voy a confesar una cosa: nadie lo sabe realmente. Nuestra misión en esta vida es crearlo, encontrar el lugar donde realmente seamos felices con lo que hacemos. Y no creas que es tarea fácil, no. Es algo difícil; es tarea de valientes, de personas como tú. Y ¿sabes qué es lo mejor de todo? Que estás creciendo, y lo haces tú sola. Tampoco crecer es tarea sencilla, pero te puedo asegurar que es de las cosas más bonitas que vas a hacer en esta vida, porque si, pequeña, LA VIDA ES MARAVILLOSA; lo descubrí hace tiempo, así que sécate las lagrimillas con la manga del jerséy y vuela a descubrirlo.

16, fiera.



Estoy en ese momento de la vida en el que te das cuenta... no. En ese momento en el que comprendes a la perfección la realidad. Que no hay nada más que los intereses de los demás pisándote los pies y tienes que sobrevivir a ellos. Y los tuyos a pocos les importa. Afortunadamente los míos les importan a bastantes y esos pisotones, sobre todo desde hace un tiempo, suelo esquivarlos con elegancia. Estoy en ese momento de la vida en el que una mano para ayudarte la ves como aguarrás a través de tu garganta. Y cuanto más te esfuerzas por respirar más llueve, pero es cuestión de saber elegir y llevarte la mano buena.  Llevarte la mejor parte y saber aprovecharlo. Estoy en ese punto en el que he conseguido distinguir quién es real y quién no lo es, quien me ofrece palabras sinceras y quién intenta hacerme daño con el disfraz de una sonrisa. Mi interior es un revulsivo de agitación y pasión por las cosas que amo o debería amar, y una indiferencia y decepción con gran parte del mundo que me rodea. Pero solo eso, casi. Quiero poder llegar a lograr tantas cosas que estoy segura de que toda una vida no me será suficiente. Pero él me ha prometido que lo será, que haremos juntos de esto un lugar utópico. A veces me gustaría parar el tiempo. Tener otro tipo de tiempo. Tiempo para no medir el tiempo. Enamorarme de las cuerdas de una guitarra, del sonido de las teclas de un piano,  de la vida que llevo, de una voz como su voz, dios mio, su voz, es perfecta. Todo él es perfecto. Lo adoro. Y hoy puedo decir que es así. Lo he conseguido. Estoy en ese momento de la vida en que, atendiendo como niño a caramelo, me admiran por afrontar cada día con alegría, con ganas y con optimismo. Saber reírme de mí misma, guiñarle un ojo a quien no me sonríe en el espejo y encontrarme con él inundando mis ojos. Estoy en ese punto del camino en el que importa poco a dónde ir porque cualquier dirección sería correcta, porque hoy nuestras manos tienen fuerzas, hoy aprietan. Soy tan idealista que me gustaría gritarle a quien todavía no me haya escuchado, que me da asco esa gente y su descaro para salvar su piel en pos de aquellos a los que se llevan por delante, pero me tiembla la voz. ¿Cobarde? Quizá, pero sin duda, franca. Porque en esta vida hay verdaderas maravillas de las que mis manos, diminutas e insensatas, han logrado ser partícipes. Y la grandeza de todo esto, la satisfacción y agradecimiento por poder ser quien soy sin miedo alguno se lo debo, en gran parte, a él. Gracias por haberme salvado.
Lo de no hablar no duró; al poco tiempo ya no podía hacerte callar. Pero estabas encantador intentando impresionarme con esa historia y tus grandes planes. Yo no tenía ni idea de lo que hablabas, pero no podía evitar que me gustara escucharte. En ese momento... me enamoré de ti.

2012



Llegará el día en que nuestros recuerdos serán nuestra riqueza.

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