En ese caso ¿qué haces para sentirte mejor? A mi, de momento, me consuela saber que dentro de muy poco podré abrir el cajón de las bufandas y que mi nariz empezará a formar parte del hielo cada mañana. Además en esos días de invierno te sientes como en una obra de teatro, el ambiente lo pide y tú aceptas. Si te fijas suele haber charcos en el suelo después de una larga e intensa tarde de lluvia y las noches se alumbran con pequeñas luces de colores. Sientes como el gran foco de luz blanca apunta hacia ti para cederte prioridad ante otros, y vuelves a ceder. Las grandes avenidas se llenan de gente, ruido y coches. Lo divertido o íntimo de esto es que puedes pasear de la mano con quien quieras y por donde quieras. Nadie va a sorprenderse, ya que sois vosotros los protagonistas de la obra, en la cual no habrá telón para anunciar el comienzo o el final, de eso nadie se preocupa, quedáis ocultos bajo el cartel de "nosotros somos luz y ellos están ciegos". Es tan solo una forma de sentirse e instantes en los que alargas al máximo cada suspiro en las subidas de felicidad, como actores entre bambalinas después del acto que acaban de interpretar mejor de lo que pensaban, lo saben por la intensidad de los aplausos que escuchan, en tu caso, o en mi caso lo sabes por la intensidad que tengan los besos que te acaban de regalar. Entonces esos días de frío, esos días en los que te has sentido tan bien, se quedan en ti para siempre. Y quizá algún día se olviden, pero por el momento son para siempre.
Vuelvo a escribirte, aunque la carta de hoy es la más especial de todas, la de hoy está fechada a veintinueve de octubre. Exactamente hoy hace un año de la noche en la que dejé de ser todo lo que era para convertirme en lo que soy. Un año de la noche en la que me cambiaste un beso de alguien inolvidable por toda tu esencia, por toda tu realidad. Desde entonces todo, en parte, ha ido mejor. Me he equivocado en infinidad de cosas pero otras muchas han salido perfectas y se que de no haber recorrido tantos kilómetros aquel día esto no hubiera sido así jamás. Aquellos diez días fueron de los mejores que recuerdo, de hecho pocas veces me he sentido tan bien como entonces. Hoy escuece cada uno de los recuerdos y me producen instantáneamente unas ganas inmensas de volver. No cambiaría nada de aquel viaje, nada en absoluto. Te echo de menos, igual que echo de menos todo lo que tiene que ver con tus baldosas, tus ruidos, tus mejores vistas, tus paseos, tu muchedumbre. Todo. Ahora que ya ha llegado el frío los días empiezan a ser más largos y el cielo últimamente está nublado así que esto empieza a parecerse al cielo rojizo que me dejabas ver cada atardecer. Siempre pienso, junto con los demás que también te echan de menos, que sería magnífico que pudieran ser reversibles todos y cada uno de aquellos días en Nueva York.
Mi padre. Trabaja en algo que no
tiene nada que ver con la televisión y todavía recuerdo como,
cuando era más pequeña, le pregunté qué es lo que hacían los actores mientras
ponían anuncios en la tele, a la vez que la retransmitían por televisión. También recuerdo
como entre risas él me contestó que eso llevaba ya un tiempo grabado, que se
hacía por escenas, a trozos, y luego lo juntaban todo. Tengo grabada en vídeo a
mi hermana pequeña haciendo las típicas gracias de esas edades. Cosas de críos.
Gracias a otra grabación, de ese mismo día por cierto, también recuerdo como
era la voz de pito que tenía a esa edad, no sé cual. Tengo un padre que es
aficionado a prestarme su ayuda en cada paso que doy, incluso para sacar una
simple fotografía.
En resumen, tengo un padre, podría
contaros muchas cosas más sobre él, pero me limito a decir que, evidentemente,
guardo muchos buenos recuerdos a su lado, pero sobre todo, le quiero agradecer
que de mi corta vida, o mis escasos 18 años, hay un sinfín de pequeños y
grandes anécdotas que sólo recuerdo por él, o por su pequeña manía y afán de
querer inmortalizar todo, y llevar siempre cualquier instrumentillo tecnológico
encima, ya sea un pequeño trípode(si, poco tiene de tecnológico) o una cámara
de fotos cada vez más desgastada. Y de todos esos recuerdos que para mí valen
tanto, he de reconocer que mi vida de interesante, poco. Pero si puedo asegurar
que desde bien pequeña me ha corrido por dentro el gusanillo que me ha incitado
a querer más, que me ha hecho verme, no sé por qué, más feliz que cualquiera
que me rodease, porque he tenido siempre la posibilidad de correr, de pelearme,
de gritar, de columpiarme, de caerme al suelo y tropezarme, de hacerme una
herida en el recreo, de reír, de llorar, de planear algo con la mansa mente de
una niña de 10 años, de ir con mi madre a comprar a Zara Kids y llevarme lo más
hortera. También he tenido la posibilidad de ser de las primeras en entrar al
comedor y de salir la última, de decidir no comer nada y sentir
psicológicamente como justo el día que lo pruebo, no dejo ni rastro del
asqueroso potaje y el asqueroso arroz con tomate del comedor del cole. He
podido celebrar mi cumple en un local de lo más simple en mi urbanización y
recordarlo como tardes estupendas con los amigos, tengo fotos con todos mis
amigos al lado desde los 4 años (o con casi todos), me acuerdo de construir
casitas pequeñas para las hormigas y escribir en mi diario con Ariana las
mañanas de julio. Me acuerdo de mis piececitos andando por las playas de Cádiz,
y pararnos antes en un chiringuito a comernos una bolsa de Doritos, de taparme
los oídos al escuchar petardos e incluso llegar a llorar. He tenido la
posibilidad de poder decir toda orgullosa desde bien pequeñita que ya me
duchaba y me lavaba el pelo sola, de disfrazarme de Escarlata O’hara a partir
de aquella estupenda Navidad, de ser una niña egoísta y caprichosa, de preferir
bucear que nadar en la piscina, de morirme de asco al ver una tarántula muerta
flotar sobre ella, y de aprender a los 7 años como pronunciar perfectamente “red”
en inglés. He coleccionado bichos dentro de un bote de pelotas de tenis con mi
hermana pequeña, y he sabido desde siempre que desde luego, los bichos (como
estos del bote de tenis) bonitos si, pero me dan un asco impresionante. He
jugado al tenis desde bien pequeña y antes no lo sabía apreciar, pero ahora se,
que todo lo que me ha dado el deporte tiene en parte culpa de lo que soy y como
veo las cosas hoy en día y se merece un gran agradecimiento.
Me he sentido desde pequeña muy
afortunada por poder viajar, y tampoco he viajado mucho, me he sentido desde
pequeña muy afortunada de poder hacer prácticamente todo lo que me gustaba
siendo consciente de que hay otras muchas personas que están limitadas o que
simplemente no pueden. Me he sentido desde bien pequeña muy afortunada de tener
el padre que tengo, la hermana que tengo, la madre que tengo, de haber tenido
la oportunidad de conocer a cada una de las personas que he conocido, de
quienes siempre he aprendido algo distinto. Me siento ahora muy afortunada, de
saber que sigo siendo pequeña, y de saber que, sin acordarnos, mientras que hay
a muchas personas que se les está acabando el cuento, a mí me queda todavía
mucha historia por contar y querer inmortalizar fotográficamente, tal y como mi
padre, sin ser consciente de ello, me ha incitado a querer hacer.