Nunca más aquella vez.

22:39


Esta tarde me he dado cuenta de que quiero hacer muchas cosas, tener una vida llena de primeras experiencias y vivencias, de que quiero alcanzar grandes metas teniendo el cielo como límite, hasta romperlo con las uñas, que quiero triunfar en lo que quiera que llegue a ser algún día y que soy una acaparadora en cuanto a soñar y fantasear. Hasta ahora poco de todo esto lo he llevado a la práctica, y está bien lo de querer, pero obviamente, con querer no basta. Nadie lo va a hacer por mi.
Ya basta del no hacer más que abrir la boca para pedir y quejarme. Cuando hablo de lo feliz que soy, a veces, suele ser felicidad camuflada.
Entonces le miro, tengo que hacerlo. Y pienso en la envidia que me da, a pesar de no soportar envidiar a alguien. Siempre potenciando al máximo sus capacidades, siempre obteniendo lo mejor, siempre, espero, haciendo lo que le gusta, y debe ser satisfactorio pensar que tu vida ha merecido la pena hasta el momento, que ha sido algo de provecho. Entonces, otra vez entonces, me apena que en ciertos momentos no se de cuenta de la cantidad de grandeza que lleva dentro, de las virtudes y geniales cualidades que le hacen ser alguien envidiable y estupendo. A lo mejor no hay tanta distancia entre envidiar y admirar.

¿Sabéis? No tenemos derecho más que a una vida, solo una para hacer todo aquello con lo que soñamos, para dejar marca donde pensemos que perdurará, en alguien, o en muchos. Y en realidad, aquí donde me veis, me es bastante difícil confiar en mis semejantes, en la existencia de personas eternas, y mientras tanto y por siempre espero poder seguir evaporándome entre las letras de esa canción a la que no sé todavía por qué no le han cambiado el título y le han puesto su nombre. Si, que el resto del mundo siga pensando lo que le de la gana, creo que todavía (ni nunca) han entendido por dónde me meto sus conjeturas. Hay que esforzarse por conseguir lo que se quiere, sin excusas y sin infravalorarnos. Queda muy poco para mi primer paso con éxito e infinitos para todo lo que está por venir.
Prometo que él ya tiene garantizado ser el protagonista de al menos uno de esos emotivos momentos, que cuando se recuerdan hacen esbozar una de sus mejores sonrisas sin apenas darse cuenta. Ahí, en el susurro embriagador de las buenas novelas, en las historias que parecen estar escritas solo para mi.


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