Ojalá me quieras libre.

18:14


Sobre las seis al ir a sacar un folio para hacer un problema de química, esos de la tablita con reactivos y productos, he visto mi nombre escrito dos veces con unas letras preciosas. Ha sido inevitable acordarme de ese día, de ese momento, del no poder dejar de mirar como alguien dibujaba mi nombre en ese folio. Después ha vuelto el nudo a mi garganta al acordarme de todo. ¿Qué estarás haciendo ahora? No lo sé o no quiero saberlo y ¿llevarás puesta esa camiseta que tanto me gusta? ¿seguirás enfadado con el mundo por ir en tu contra? ¿habrás desayunado ese asqueroso café de máquina? No lo sé, llevo dieciocho horas sin saber de ti y no haces más que ponerme triste. Quizá ya no piensas que hacemos buena pareja, ¿llevas mi pulsera puesta? Yo la tuya si, aunque hoy te de igual. Ya, ya sé que muchas veces te comparo con la libertad aunque no haya sido explícitamente pero no puedo evitarlo. Si, eres libertad. Cuando estabas aquí, libertad. Cuando te has ido, libertad.
Libre. Qué palabra tan bonita, pero lejos de todo término que consigamos vulgarizar aún sin esta en nuestras pretensiones, es sentimiento. Algo abstracto. Como cuando gritas, libertad. Como cuando bailas entre las olas del mar, libertad. Como cuando no sientes vacío, como cuando no eres una caja de oscuridad, como cuando pisas la arena y te quemas a la vez. Libertad. Como el miedo a caminar sin ti, como ver amanecer... Tú, libertad.
Me pregunto si sabrás que me gusta recordarte aunque haga solo unas horas que no te veo, que solo escribo sobre personas que han dejado huella en mi y que tu huella es la más profunda. Y que ahora mismo estoy escribiendo sobre ti.

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