Te he dejado en el sillón las pinturas y una historia en blanco.

11:08

Todo esto ya me suena. Esa luz que jugaba con mi pelo aquel verano... la misma que iluminaba mi futuro, la misma a la que, ya sin confianza en ella, ignoro. Y ayer por la noche tenía sueño, o quería tenerlo. Sueño rápido y vivo rápido. Espero lento y desespero, aunque tampoco sé el qué, cambios, algo etéreo quizá.
Y cuando vuelve a ser por la mañana me impaciento por preguntarme quién soy y qué quiero en mi vida, busco en mis aristas las respuestas de todas esas preguntas y grito en silencio su nombre, por si las paredes repletas de luz se lo hacen llegar. Supongo que sigo buscando mi solución en unos ojos ajenos, qué ilusa. Es como estar eternamente perdida entre detalles que nunca existirán ¡qué paralela va mi vida respecto al mundo! Necesito un cambio. Necesito mucho la playa, sumergirme en ella, convertirme en estrella de mar y transportarme a una isla desierta. Necesito no pensar, no cuestionarme todo, por lo menos unos eternos días. Creo que no estoy preparada para asistir a mi derrumbe total. Que alguien me pare.

Recuerdo que en algún momento llegué a ser infinitamente magnética que controlé el ritmo del minutero del reloj y ahora a penas puedo respirar, recordando la frase del gran Pucho, "aunque esta vez si no respiro es por no ahogarme". Me vale cualquier excusa para no reconocer que el miedo me puede. Miedo a cambiar, a no encajar, a no encontrar(le). Miedo a que se vuelen las respuestas que no encuentro, y a poder perder (sus) ojos cuando siento que me encuentro.

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