Preferiría morir mañana que vivir cien años sin haberos conocido.

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ellas

Hoy estaba intentando comer unas fresas con nata, con el aspecto que tendrían en una foto de revista, y que cualquier otra tarde de domingo, como de costumbre, me hubieran producido náuseas, pero cuando el cielo, como el de hoy, solo es de nubes grises y te das cuenta de que está sonando una de tus canciones preferidas, hasta parece que tienes algo de hambre. Y de repente algo en mi o algo de fuera ha hecho que me sienta la chica más feliz del mundo. Después de eso me he preguntado si puede haber mejores personas a mi lado, a lo que he contestado unos segundos después que no. Que definitivamente no. Porque puedo coger mi cámara y hacer tantas fotos que me provoquen una felicidad momentánea tan perenne en mi que llegue a creer que no me hace falta nada más. Pero cuando menos lo espere vendría a mi la sensación de vacío y soledad, de momentos sin terminar y de cosas por compartir sin tener con quién hacerlo, a todas horas. Además de darme cuenta de que esas fotos que hubiera sacado no serían de ellas, de nosotras, de él conmigo... Me daría cuenta de lo innecesarias que son las fiestas sin tener con quien bailar, de lo absurdos que serían los parques si no tuvieras con quien cogerte de la mano y pasear por ellos, o sentarte en un banco a mirar la cantidad de gente que existe e intercambiar opiniones. Y no hablamos del sentido que tendría  un restaurante donde no puedas pedir mesa para ciento cincuenta personas, o de un estudio de fotografía en el que no haya fotógrafo ni modelos a las que inmortalizar. Porque ni mi iPod con canciones, ni mi libro de química, ni mis pantalones esos tan bonitos me darán un cariño si les pido un cariño, o un abrazo inmenso si les pido un abrazo inmenso, ni me pondrán los pies en el suelo cuando esté en la fase de abstracción de la realidad. Y mirando la lluvia, a la vez que pienso todo esto, me acuerdo de él, de ella, de ellos. También me viene a la mente la frase de Vetusta que dice "Al respirar, propongo ser quien ponga el aire". Y cuando me doy cuenta de que mi cuenco con fresas de revista se ha terminado y que el cielo parece ceder a que el sol me sonría un poco, vuelvo a pensar en lo insignificante que podría ser si no tuviera a los que tengo a mi lado. Dando lo que no tienen por verme feliz y matando mis pequeños ataques de nostalgia que me atormentan cada diez minutos y que soy incapaz de controlar. Y no se me olvida la decepción que otros me han producido, culpables de mi no entender casi continuo, gente de la que ya hablaba tiempo atrás diciendo que al menos un amigo en tu vida te va a traicionar y que las relaciones que no hayas forjado antes de los treinta serán ya simples conocidos.
Y con ellos en mente, con la sensación tan agradable del olor a tierra mojada y la grandeza de la música que suena me siento capaz de taladrar mil mentes para demostrar que, a pesar de todo, la felicidad es real y que las cosas pueden pasar. Que todo puede pasar si se tiene ánimo e ilusión. Y que nadie está solo. Nadie.

A los míos, los de verdad y los que comparten mis días... No se cuanto tiempo quiero pasar con ellos. Empecemos con un para siempre.

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1 pegote(s) de tinta.

  1. Como dije aquella tarde-noche mientras viviamos en nuestro mundo, rodeado de globos de colores, quizás no estamos todos los que somos, pero somos todos los que estamos.

    Y no hay gente en el mundo que te pueda querer más que nosotros. Y aún te queda mucho en esta vida por lo que sentirte decepcionada, mucho por lo que llorar, pero seguro que con buenas compañías todo se hará más llevadero. Y, al menos servidor, estará y seguro que acompañado de los que estuvieron presentes cuando esa foto.

    Feliz día de fresas, biología y, espero, besos detrás de algún portal.


    Te quiero. A todas horas, a gritos, y como sólo un loco sabe hacer.

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