Mi incondicional.

18:26



Claro que siempre tuve los componentes adecuados, pero nunca me atreví, quizá por miedo o quizá porque una parte de mi sabía que nada era real. Y faltaba, faltaba mucho, como una voz, una mano en la espalda o tal vez verte. Todos dicen que fue por miedo, yo prefiero llamarlo cobardía. Pero aún así quedé reducida a nada. Otra vez.
La noche no era más que noche, oscura. Y angustiaba, se comprimía entre el hueco que quedaba entre la humedad de mis ojos y la almohada. Tenía sueño o quería tenerlo. Mientras duermes no piensas, no recuerdas, no sientes, y a veces lo mejor que puedes hacer es abandonarte a él, aunque en ese momento puedas estar dejando cosas imprescindibles por vivir. Y me arrepiento de haberme dormido aquellos días mientras respirabas, me jugaría todo a que llevabas los pulmones acompasados y tranquilos, solo como yo, ahora, se que puedes hacerlo.


Y de repente, un día, la lluvia y su olor.


Alguien, me contaste una vez, dejó su recuerdo en ese olor, en el olor de las gotas de lluvia, sabía que podrías compartir esos momentos con alguien que le hubiera encantado conocer, y por tanto, lo dejó por ti. Y ahí comprendí la enormidad. Lo que significa ser alguien grande y bueno. ¿Sabes? El mundo se equivoca. Todos montan y destruyen y vuelven a montar y vuelven a destruir y así van, montando el hilo de una historia que jamás podrán contar. Tal vez lo que te hace tan grande no entienda de cómo y por qué, ni quiera hacerlo. Pero te prometo que nadie te alcanza, que nadie sabe lo suficiente como para hacer de esto lo que busco. Cuando nadie es capaz de convertir el miedo en aire, cuando en vez de sueños solo hay pesadillas, entonces llegas tú y montas mi sonrisa, y acaparas todo. Y cuando me pregunto a veces que si habrá alguien más ahí, que si hay alguien más que entienda por qué choco una y otra vez contra la misma pared. Cuando en esos ratos de desesperación lejos de ti me pregunto cómo es posible echarte tanto de menos...


Creo que absolutamente nada vale la pena sin alguien que te haga ser incoherente. Ni flores, ni velas, ni la luz de la luna. El verdadero romanticismo. Alguien que llegue, te empuje a hacer cosas de las que jamás te creíste capaz, que arrase con tus principios, tus valores, tus 'yo nunca', tus 'yo que va'. Igual que creo que las despedidas siempre son tristes pero deben existir para darle sentido a los reencuentros, al igual que las malas rachas deben existir para que aprendamos a valorar los momentos en los que te quedas sin aire de tanto reír.
Y es que hay cosas que por mucho que se expliquen nunca llegaremos a comprender. Como este pequeño espacio incondicional hecho para dos.

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