Feliz Navidad.

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Con tus carcajadas descontroladas y tu risa contagiosa me lleno de ganas porque, al soplar cada uno de los dientes de león de esta navidad fría, se cumplan todos mis deseos. Aquellas puertas que comunicaban ambos mundos quedaron abiertas justo anoche, ¡que lo oigan todos! Nadie, excepto yo, conoce el punto exacto en el que consigues entenderme cuando te hablo con los ojos, cuando te cuento que nunca había acariciado a nadie como lo hago contigo, cuando te cuento que me encantaría estar hecha de tu misma materia y soldar las imperfecciones de los dos. Nadie había andado con tanta elegancia por la calle que termina en mi boca, esa que solo tú has sabido morder y saborear como merecía. Conseguí salir de aquel remolino de dientes de león, conseguí mantenerme de una sola pieza y ahora ya no se escapan ilusiones por los rotos de mis cosquillas, aquello se congeló en la nieve.
Hoy es Navidad, mi dulce Navidad, y estás aquí para reconstruir mis ojos por si acaso se hacen pedazos. A estas alturas de la noche me siento capaz de cualquier cosa, incluso de enfrentarme a mis peores recuerdos y soltarlos hasta que mis manos quieran apretarlos tan fuerte que los desintegren. A tu lado prometo no sentir rencor ni rabia, y endulzaré todos los cafés que nunca llegaste a tomar, y pasearé de nuevo por las ciudades que me llevaron hasta ti.
Mis palabras de hoy, de precisamente hoy, no son más que el sentimiento de todo eso que me ha explotado por dentro, de todo eso que echaba de menos desde que pudo ser y no fue y ahora... ahora sin duda es.
Tu risa, maldita sea, es perfecta. El tiempo que resbala por mi espalda intenta correr hacia atrás para retomar aquel día entre la niebla. Te regalo cada vacío que exista en los textos intensos para que los llenes con esa risa, vacíos inmensos que quizá no llegues a entender. Prometo que esta será la primera y última vez que confiese a solas lo mucho que te echo de menos cuando te vas, cuando me dices que vuelves enseguida, que... no puedo.
Quiéreme como me has demostrado saber hacerlo. Sopla conmigo esos dientes de león para hacer realidad los sueños de esta Navidad y permitámonos el lujo de provocar envidia en todas y cada una de las calles repletas de gente de Madrid.

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1 pegote(s) de tinta.

  1. Te prometo, con lágrimas en los ojos, crear todos los recuerdos que te mereces.

    Quizás esas personas que no saben nada y creen saberlo todo, quizás esas personas no entendían todo lo grande que eres. Y eres increíblemente grande. Eres increíblemente perfecta, y empiezo a pensar que mi sonrisa sólo existe para juntarse con la tuya, mis ojos para mirarte sonriendo por todas esas calles de Madrid donde nos perdemos.

    Te prometo no fallarte. No hacerte llorar. Prometo crear contigo nuevas palabras, porque ahora no existen todas las que puedan describir todo lo que siento por ti.

    Por ti, por mi, por nosotros, por todo lo bueno que ya ha llegado, y por las millones de cosas increíbles que aún están por llegar.

    Te quiero, te quiero como a nadie. Te amo como mi mitad.

    Juanmi.

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