Allí ya no quedaba nadie.

21:57

Después de un tiempo volví a esa casa abandonada en medio de la ciudad y permanecí en silencio un buen rato delante de la puerta sin saber muy bien qué hacer. Cuando entré me vi en medio de esas paredes que a pesar de su vejez todavía huelen a risas y a amor, a divertidas persecuciones, a fugas simuladas, a besos en cada habitación y a suspiros qué aún retumban en el aire como leves sonrisas que lentamente se van descoloriendo. Hubo un momento que de entre la madera desvencijada de una ventana me cegó un rayo de sol, parecía intencionado, me recordó a las tardes de antes, allí. Entonces en ese momento entendí que solo eran recuerdos, que allí ya no quedaba nadie excepto yo y ese olor a madera mojada.
De repente esa casa me pareció triste. Como si hubiera perdido todo el esmalte. Como si todo se hubiera desteñido de improvisto. Como si todo hubiera quedado desenfocado, ofuscado o disuelto en agua. O, al menos, así es como lo vi a través de mis lágrimas.

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