Estudio de danza.

17:45

Una cara, una cara triste y frustrada por algo que no iba bien. Una cara que conversaba con otra cara, llena de arrugas, que mostraba un gesto veterano y comprensivo:

-"¿Por qué? ¿Por qué si jamás lo hago bien? El público aplaude por cortesía a mi profesor, al prestigio de la academia no porque yo guste lo más mínimo. Todos me eclipsan, nunca soy yo la que reluce. ¿De verdad crees que merece la pena que lo intente?"

No entendí del todo la respuesta de aquel hombre debido al traqueteo de los vagones pero le dijo que quería, que necesitaba que lo intentase. Se lo dijo sin pensarlo dos veces y con una voz bastante entera. No hablaba para mi, claro está, pero los consejos que le daba a aquella joven tuve que tomármelos como algo personal. No seguí escuchando.
Y dos días después vi la cara de nuevo, unida a un precioso cuerpo adornado con un tutú y cintas de color rosa. La expresión ese día era bonita y elegante, como si aquel agujero de hace dos días hubiera sanado por completo.
Fui a ver el teatro, me regalaron entradas. Ese hombre debía saber mucho sobre ballet y debió ver algo especial en ella. Lo hizo fantásticamente bien, aquella tarde brillaba como pocas veces he visto brillar a esas muñequitas sobre un escenario. Es que parecen tan frágiles...

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