Aquí piloto llamando a tierra

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 Todo el mundo se siente distinto de una forma u otra,pero todos vamos en la misma dirección,aunque cada uno por un camino distinto.


Solo una cosa me da miedo.Que podríamos
no habernos conocido nunca.



Nunca hay suficiente tiempo, nunca es suficiente.


Estamos en ese dulce periodo en el que todos están de acuerdo en no repetir los recientes errores. Sin embargo, esta coincidencia colectiva no suele durar mucho.
Somos seres inconscientes y estúpidos con mala memoria y un don para la autodestrucción.

Se lo conté a él, en Madrid.



Es de noche y ¡hay luna llena!
Parece una noche fria. Una noche de dos. Una noche de amor. Una noche de lluvia.
En cada beso te pido que pares el tiempo, la respiración. que pares esa noche y cada uno de nuestros acercamientos, incluso podrías parar nuestra risa, pero bajo ningún concepto hagas que pare la lluvia porfavor...


Me acerco a ti debajo del paragüas y... hueles bien, hueles a Madrid y eso me gusta. ¡No corras! Te miro, con esa cara que no soportas, pero aún así te miro y ¡qué guapo estás! Me ro, dejo que vuelvas a fracasar al intentar mantener despejada la mente mientras me besas y vuelvo a mirarte.


Ahora llueve más fuerte, pero decides concluir ese momento y de repente noto tu colchón en mi espalda aunque lo mejor es que te noto a ti conmigo.
Tras apretarme la mano y yo sentir un agradable estremecimiento como cuano sabes que todo irá bien, decimos algo, nos bebemos algo, desconectamos el teléfono, una carcajada, y nos perdemos sin prisa.


¡Os contaré un secreto! Recorrió cada parte de mi, besando cada uno de mis lunares.


Y entonces pensé, no, no pensé. Ahora todo lo demás daba igual.
Sigue siendo de noche, esa noche de dos, esa noche fría y ahora yo también huelo a Madrid.
Me dejarás pasar más noches de lluvia acariciando tu espalda, ¿verdad?


Era un romance improbable. Él era un niño del campo. Ella era de la ciudad. Ella tenía el mundo a sus pies, mientras él no tenía donde caerse muerto.
No concordaban mucho. De hecho, casi nunca concordaban. Siempre se peleaban. Y se retaban uno al otro cada día. Pero a pesar de sus diferencias, tenían algo importante en común... estaban locos el uno por el otro.

¿Tonterias?

- Joder es que... ¡mírate!
- ¿Qué pasa?
- No existe la perfección pero tú te acercas demasiado...
- ¡No digas tonterías! 
- Te quiero.
- ¡He dicho que dejes de decir tonterías!
- No son tonterías...
- Si lo son. Deja de hacer el ridículo y vete, de verdad, es lo mejor que puedes hacer.

Rodeados de un futuro incierto.


¡Mirad, amapolas! La primavera ha logrado volvernos a todos locos por completo. No hay nada que podamos hacer, nada que podamos evitar y mucho menos nada que podamos sustituir.
El trigo empieza a tornarse de color grisáceo y las margaritas se marchitan cuando su último pétalo, al azar, es “no me quiere”.
La dinámica en la atmósfera social avanza a cero coma cinco kilómetros por hora y el aire que se respira es dulce. Dulce como el olor del helado de vainilla.
En el momento que uno se encuentre ahí. Quieto. Tranquilo. Saboreando el ambiente que le rodea, poniendo mucho cuidado al caminar por las calles abarrotadas de multitud, lo nota. Nota como se queda absorbido en una nube de polvo rosa que te inyecta una dosis de locura y te hace sentir aturdido, desorientado. ¡Cuidado! Porque alomejor te tropiezas con alguien que iba, por casualidad, buscándote.
“He enloquecido”, piensas. Pero no es eso. Tampoco tenía nada que ver el color grisáceo que ha pasado a un azulón del campo, ni que éste hubiera escogido las mejores flores para ti esta mañana. ¡Ay! Que no, que ese olor dulce, el del helado de vainilla tampoco tiene importancia ahora.
Es que llevas la suerte en tus manos. ¿Cómo? ¿Qué no sabes a que me refiero?
Deteneos.
¿Sabéis? Ser creativos quiere decir no ser prisioneros del tiempo de otros. No tener ni límites ni confines, hasta dar con la idea perfecta que te recompensa por todo ese tiempo que ya no está...pero que en realidad sigue existiendo todavía, solo que bajo otras formas.
Esa nube de polvo rosa de la que os hablaba al principio, amapolas. Esa que te hace enloquecer, como la primavera.

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